domingo, 23 de julio de 2017

Engaños deslumbrantes…

…que cambian el rumbo de la vida

A medida que iba leyendo el primer capítulo de Katrina (1) iba observando cierta relación con lo que narra el tercer capítulo del Génesis (2). Las épocas y las circunstancias son distintas pero tienen en común los efectos que un engaño provoca cuando se produce un deslumbramiento en la víctima.

En el relato bíblico Eva se ve sorprendida por la ‘astuta serpiente’ que la aborda con una mentira: “¿Conque os ha dicho Dios: ‘No comáis de ningún árbol del paraíso’?” De poco sirve la aclaración de la mujer: “Del fruto de los árboles del jardín podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del jardín dijo Dios: ‘No comáis de él, so pena de muerte’”; porque el tentador aprovecha para llevar el discurso al terreno en el que quería jugar recurriendo de nuevo a la mentira: “No, no moriréis. Al contrario, Dios sabe que el día que comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal”. Un órdago que arremete en lo más íntimo de Eva y rompe sus defensas, porque la codicia se sobrepone a la confianza en su Creador, cuyas instrucciones quedan relegadas ante el panorama que le están planteando; está tan obnubilada que ni siquiera pide explicaciones: “Vio la mujer que el árbol tenía frutos sabrosos y que era seductor a la vista y codiciable para conseguir sabiduría; tomó de sus frutos y comió”.

Sally Salminen sitúa su relato a caballo entre los siglos XIX y XX y nos presenta a Katrina como “la mayor de tres hermanas, hijas de un campesino Österbotten … hermosa… alegre… resuelta… alta, fuerte y robusta… En sus ojos azules resplandecía la alegría de vivir… No había mozo casadero en toda la parroquia que no hubiese intentado buscar su felicidad ganando el corazón de Katrina…” Pero, “al atardecer de un día de primavera… conoció a un joven marinero” y “encontró Katrina su destino… Una noche clara y estrellada, ella y el joven marinero (Johan) paseaban por el camino que cruzaba la llanura…” Johan prepara el terreno incitando la curiosidad por lo desconocido: “¿No has salido nunca de aquí? ¡Oh! Tendrías que viajar y ver mundo. Deberías venirte a Aland. Aquél es otro país. Allí no tenemos estas llanuras siempre iguales de por aquí. ¿No te cansa este paisaje?” A pesar de la negativa de Katrina, Johan no se arredra y da rienda suelta a un relato fantasioso en el que, con descaro, desprecia a Österbotten e idealiza Aland, sin que su verborrea encuentre apenas oposición en Katrina. El momento decisivo se produce cuando Johan menciona las manzanas: “¿De veras hay manzanas en Aland?Katrina no podía quitarse de la cabeza aquello de las manzanas…” A partir de ahí: “su estado de ánimo era tal que la predisponía a creerlo todo”. Tras la conversación “Katrina se sintió presa de un íntimo desasosiego. Aquella tierra en donde había vivido sus veintitrés años en idílica placidez, se le antojaba ahora insoportable, mezquina y aburrida… Sólo soñaba con los dorados campos de trigo y el aire perfumado por la fruta -sobre todo por las manzanas, aquellas manzanas que maduraban allá lejos, hacia el sur, en las dulces y paradisíacas islas Aland.” Desde entonces “Johan era la única persona del mundo a quien Katrina quería escuchar” y para alcanzar cuanto antes su arrebatador anhelo se casará precipitadamente con el marinero, con el consentimiento de sus desconcertados padres.

Tras su decisión, Eva sufrió el destierro y descubrió las necesidades y dificultades que acompañan al común de los mortales; perdió una situación privilegiada. Los sueños de Katrina se desvanecerán pronto. Johan es poco más que un grumete en el barco, que sólo puede ofrecer a su mujer una casa destartalada que no es suya como cobijo. Además, tan pronto llegan a la cabaña Johan es reclamado para embarcarse durante unos meses. Katrina se queda sola, embarazada, en un lugar donde no conoce a nadie y a merced de los gerifaltes del lugar, que enseguida empiezan a darle órdenes.

Eva y Katrina tendrán que hacer frente a la nueva situación, porque no hay posibilidad de dar marcha atrás. Katrina lo hace con gran dignidad y fortaleza, asumiendo su papel de esposa, madre y ciudadana, sobreponiéndose a múltiples dificultades y sinsabores. Será el puntal de su familia y respetada por sus conciudadanos, pese a sus limitados recursos económicos. La narración de Salminen es tremendamente conmovedora y sugerente.

Las historias de Eva y Katrina invitan a actuar con prudencia para no dejarse llevar por cantos de sirena que nos llevan a despreciar todo aquello que tenemos y somos, en pos de un destino idílico. Lo que les ocurrió le puede ocurrir a cualquiera que no tome suficientes precauciones porque se siente muy seguro de sí mismo. Todos somos en algún punto vulnerables y podemos dejarnos embaucar si oímos alguna de las palabras mágicas que anidan en el subconciente y despiertan en nosotros un interés demesurado. En cualquier caso, conviene evitar cualquier discusión cuyo punto de partida sea una flagrante mentira.

(2) Sally Salminen: Katrina (1936) – Ediciones del Bronce – Clásicos del Bronce número 14 (1999) – Traductor: A. Vallés - 469 Páginas. Fragmento: Capítulo I. En Österbotten. Páginas 9-13

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