martes, 25 de julio de 2017

Abandonar la zona de confort

Soltar amarras

Me hablaron de un hombre con muchas cualidades para las relaciones sociales: apuesto, elegante, simpático, atento, cordial, buen conversador…, con una profunda alergia al trabajo; no lo necesitaba para vivir cómodamente. Le preguntaron si nunca se le había pasado por la cabeza probarlo y contestó que a veces tenía tentaciones, pero las vencía echándose en la cama hasta que se le pasasen.

Un planteamiento análogo al de Fritz Kobus (1) que tras la muerte de su padre y comprobar que heredaba “una bella casa…, una buena granja… y… no pocos escudos colocados en sólidas hipotecas, se enjugó las lágrimas” hizo una lectura interesada de los primeros versículos del Eclesiastés para concluir: “lo mejor es no hacer nada, para no tener nada que reprocharse” (2).

Fritz es un bon vivant, un señorito, que vive en un pueblo alsaciano y además de disponer de grandes recursos cuenta con las atenciones de una fiel sirvienta, unos amigos leales y una buena reputación. Se considera plenamente satisfecho y su pensamiento detesta cualquier complicación afectiva: «cuando nuestra felicidad ya no depende de nosotros, sino del capricho de una mujer, entonces todo está perdido; más valdría colgarse, antes que entrar en semejante galera».

Pero llega un momento en que de forma insospechada se da cuenta que se está enamorando y se rebela contra ello alejándose de la presencia de aquella que le hace tilín (es más actual ‘le pone’) y está orgulloso por ello: “sentía entonces un auténtico bienestar, se alegraba y se vanagloriaba de la decisión que había tomado de escapar de Sûzel mediante una huida heroica; aquello le parecía el colmo de la sabiduría humana”. Y se reafirmaba en lo que hasta entonces había proclamado: «Qué estúpida es la gente por casarse! Cuanto más se viaja, más se ve que las tres cuartas partes de los hombres han perdido la cabeza, que, en cada ciudad, sólo cinco o seis solterones han conservado el sentido común. Sí, ésa es la pura verdad… la sabiduría no está al alcance de todo el mundo, hay que felicitarse mucho por estar entre el pequeño número de los elegidos».”

Pronto se dará cuenta que su estrategia no consigue el propósito que se había marcado. Sûzel se le hace continuamente presente en su pensamiento y se siente confundido: «¿De qué te sirve ahora, Fritz, haber procurado mantener la cabeza fría, el vientre libre y los pies calientes durante veinte años? Pese a tu gran prudencia, una débil criatura ha turbado tu reposo con una sola de sus miradas».

Dándose por vencido y decidido a dar el paso para dejar de atormentarse le quedará todavía un buen trecho que recorrer. En primer lugar porque tendrá que romper con la fama que se había labrado de solterón convencido e impertérrito, con el riesgo de convertirse en el hazmerreír de sus vecinos. También deberá superar los convencionalismos sociales respecto a las diferencias de edad y clase, fuente que mana abundante rumorología. Por último, comprobar si la chica comparte el mismo sentimiento que él, porque quiere que decida con libertad, y subyace el temor a no ser correspondido. La colaboración de un buen amigo será determinante en el proceso.

Me dijeron en una ocasión que ‘si uno no quiere complicarse la vida, al final la vida le acaba complicándole a él’. Hay momentos en la vida que constituyen una encrucijada. Se descubre un proyecto atractivo que merece la pena seguir, pero, al mismo tiempo, se nota la tensión que ejerce la zona de confort en que se está instalado. Entonces llega el momento de optar por la pusilanimidadque me quede como estoy- o soltar amarras, decidido a emprender ese proyecto, a pesar de las incertidumbres que lo acompañen.

Erckmann y Chatrian narran una historia simpática y amena, pero no edulcorada, en El amigo Fritz. Con buen humor nos describen cómo las sólidas convicciones pueden tambalearse cuando los golpea la suave brisa del amor.

(1) Libro leído: Emile Erckmann y Alexandre Chatrian: El amigo Fritz. Título original: L’ami Fritz (1864). Ediciones Troa – 1ª edición (2015). Traductor: Mauro Armiño. 312 páginas.
(2) https://www.bibliatodo.com/la-biblia/Nacar-colunga/eclesiastes-1
Eclesiastés 1 - versión de Nacar-Colunga
1. Razones del Cohelet, hijo de David, rey de Jerusalén.
2. Vanidad de vanidades, dijo el Cohelet; vanidad de vanidades; todo es vanidad."
3. ¿Qué provecho obtiene el hombre de todo por cuanto se afana debajo del sol?
4. Pasa una generación y viene otra, pero la tierra es siempre la misma.
5. Sale el sol, se pone el sol y se apresura a llegar al lugar de donde vuelve a nacer.
6. Tira el viento al mediodía, gira al norte, va siempre dando vueltas y retorna a sus giros.
7. Los ríos van todos al mar, y la mar no se llena; al lugar de donde ellos vinieron tornan de nuevo para volver a correr."
8. Todas las cosas trabajan más que cuanto el hombre puede ponderar; no se sacia el ojo de ver ni se harta el oído de oír."
9. Lo que fue, eso será; lo que ya se hizo, eso es lo que se hará; no se hace nada nuevo bajo el sol."
10. Si de algo se dice: “Mira, esto es nuevo,” aun eso fue ya en los siglos anteriores a nosotros.
11. No hay memoria de los antiguos, ni de los que vendrán después habrá memoria en los que serán después.

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