sábado, 8 de julio de 2017

Poder para qué

Ambición, competencia y servicio


Kolakowski
Kolakowski reflexiona sobre el poder y expone su atractivo: “a todos nos gustaría que los demás se comportasen del modo que a nosotros nos parece apropiado, lo que equivale a decir que sea beneficioso para nosotros o que esté de acuerdo a nuestro propio sentido de la justicia”. Pero discrepa de que un alto cargo de gobierno apetezca a todo el mundo: “estoy seguro de que muchísimas personas jamás han albergado tal sueño, no porque crean que sus probabilidades de alcanzar la meta son muy escasas sino, simplemente, porque creen que debe de ser un trabajo espantoso: incesantes quebraderos de cabeza, enormes responsabilidades y el convencimiento de que, haga uno lo que haga, será blanco permanente de ataques y ridiculización y de que se le atribuirán siempre las peores intenciones.” Sin embargo, una vez instalados en el poder y asimilados los pros y contras de su ejercicio el apego y el sentimiento de propiedad van creciendo con el paso del tiempo: “las personas que han disfrutado de un sustancial grado de poder durante mucho tiempo a menudo albergan la sensación de tener cierto derecho natural al poder… Cuando tales personas pierden su poder, por una u otra razón, no ven su pérdida simplemente como una desgracia sino como una catástrofe de proporciones cósmicas”. (1)

Pero lo peor que puede pasar es que se unan el exceso de ambición con la falta de competencia. Leonardo Castellani lo denunciaba en un artículo: “La ambición consiste en un apetito desordenado del mando por el placer del mando. El mando, elemento esencial de toda sociedad, es solamente un instrumento, una especie de espada filosa, formidable y frágil; y el ambicioso es una especie de criatura que agarra la espada sin saber el fin y el manejo de la espada, solamente porque es brillante y con un ansia inmensa de jugar con ella; con lo cual empieza a cortar donde no debe y acaba por cortarse a sí mismo... La mayor picardía que el diablo puede hacerle a un hombre, dice con mucha razón don Benjamín Villafañe, es ponerlo en un puesto que le quede ancho, porque empieza a hacer daño al prójimo -lo cual a la larga es hacérselo a sí mismo-, y acaba miserablemente; y esa picardía del diablo es el vicio de la ambición… El ambicioso cree que él está llamado a mandar, aunque a todos los demás no les parezca; mientras que el veramente llamado, a todos los demás les parece llamado a mandar mientras él duda…

Carles Capdevila durant la seva intervenció
Cuando las oí, me parecieron desalentadoras las afirmaciones de Carles Capdevila en una de sus últimas charlas, aunque hiciera sonreír en su forma de pronunciarlas: El poder es algo tan extraño que cuando tienes una posición de poder, al cabo de un minuto de tenerla ya te la quieren quitar. Por lo tanto, todo el mundo que tiene una posición de poder, aunque parecen poderosos son gente muy frágil, muy asustados porque alguien les quieren quitar la silla y cada día dedica un poco más de energía para que no le roben la silla... una obsesión por mantener el poder, pero no para gestionarlo porque no le da tiempo.” (3)

Un escenario muy alejado del que propone Vladimir Soloviov: “no busques el poder ni la dominación; si el poder y la dominación te reclaman, considéralo como un servicio. Abstente de ponerte en evidencia cuando no resulte ningún beneficio para el prójimo, abstente de mostrar tu superioridad y tu fuerza: no alimentes tu amor propio.” (4) ¿Imposible? Capdevila destacaba también el trabajo de tantos voluntarios que sin otro interés que prestar un servicio a la comunidad dedican un gran esfuerzo para sostener asociaciones surgidas de las inquietudes que bullen en la sociedad: culturales, recreativas, vecinales… que en muchos casos se convierten en factores de cohesión social. ¿Puede trasladarse este espíritu al ámbito profesional?

(1) Leszek Kolakowski: Libertad, fortuna, mentira y traición (1997). Editorial Paidós (2001) - Biblioteca del presente número 15. Título original:  Freedom, Fame, Lying and Betrayal. Traductor: Víctor Pozanco Villalba.  108 páginas. Fragmento en el Capítulo 1. Del poder. Páginas 9-13
(2) Leonardo Castellani: Cómo sobrevivir intelectualmente al siglo XXI (1976).  Libros Libres (2009). Fragmento en Digamos la verdad. La ambición. Páginas 303-306. Reproducción del artículo publicado en Cabildo, Buenos Aires, nº 501, 24 de febrero de 1944)
(3) 'Viure amb humor', el monòleg de Carles Capdevila 11-04-2017
https://www.youtube.com/watch?v=zYFg5tl7LI4
"El poder és una cosa tan estranya que quan tens una posició de poder, al cap d’un minut de tenir-la ja te la volen fotre. Per tant, tothom que té una posició de poder, encara que semblen poderosos són gent molt fràgil, molt espantats perquè algú els vol fotre la cadira i cada dia dediques una mica més d’energia a que no et fotin la cadira... una obsessió per mantenir el poder, però no per gestionar-lo perquè no et dóna temps.". Fragment al minut 39 i següents.
(4) Vladímir Soloviov: Els fonaments espirituals de la vida (1884). Proa (1994) - Clàssics del cristianisme, número 46. Traductora: Raquel Ribó. 116 pàgines. Fragment Primera part. Capítol tercer. El dejuni. Pàgines 125-126
"Existeix el dejuni espiritual: consisteix a abstenir-se de l’acció empesa per l’amor propi i l’ambició, a renunciar al poder i a la glòria humans. Aquest dejuni és sovint necessari a aquells qui exerceixen una funció pública. Es regeix per la regla següent: no cerquis el poder ni la dominació; si el poder i la dominació et reclamen, considera’ls com un servei. Abstén-te de posar-te en evidència quan no en resulti cap benefici per al proïsme, abstén-te de mostrar la teva superioritat i la teva força: no alimentis el teu amor propi."


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