sábado, 15 de julio de 2017

La reputación como obstáculo

El hedor no se combate tapándose la nariz


Más vale ponerse una vez colorao que ciento amarillo’ (1) es una expresión a tener muy en cuenta cuando hay que tratar asuntos peliagudos que pueden afectar a la imagen exterior de una persona, un grupo o una sociedad, especialmente para aquellos que tienen responsabilidades de gobierno. 

Después de ver Spotlight, sin otra referencia compensatoria, se puede deducir que la jerarquía de la Iglesia Católica, representada en este caso en la archidiócesis de Boston, amparó el abuso a menores practicada por algunos de sus sacerdotes intentando silenciar su repercusión pública, valiéndose de su posición social y su ascendencia sobre buen parte de la población, incluidas las víctimas.

Tom McCarthy
director de la película
La responsabilidad de gobernar es una tarea difícil y complicada que sólo se puede llevar a cabo con la colaboración de un buen equipo de colaboradores. La prudencia es imprescindible para el buen gobierno, lo que supone que las decisiones no se toman como consecuencia de un arrebato o basándose en prejuicios. Pero, al mismo tiempo, obliga a actuar con la contundencia que requiera cada caso cuando se producen hechos graves que van contra los principios que defiende la institución que dirige.

Catedral de Boston
Si cuando se producen casos reprobables, escandalosos, lo que se antepone al tomar las decisiones es la salvaguarda de la reputación social de la institución, difícilmente se va a resolver el problema, más bien al contrario es más fácil que se extienda, porque el infractor, aunque reciba alguna medida disciplinaria, se sentirá amparado, y algunos otros tentados a imitarle pueden pensar que el riesgo que corren es asumible. La consecuencia es clara, con paños calientes la enfermedad de unos pocos se expande hasta convertirse en epidemia. Queriendo evitar que el buen nombre de la institución quede manchado, se acaba consiguiendo que acabe sumergido en un estercolero.

La buena reputación es un arma de doble filo. Por una parte puede abrir muchas puertas, por otra puede condicionar enormemente la vida de los que la poseen. Spotlight nos ofrece un ejemplo, pero hay otros como los de las estrellas Michelin, ¿cómo puede ser que un cocinero se suicide por haber perdido una? (2)

Hay también casos reseñables en el ámbito doméstico, algunos de ellos terribles. Hace unos cuantos años se hablaba con alguna frecuencia de las bodas de penalti que tenían como finalidad amparar el embarazo -no anunciado públicamente- de una hija -lo que dieran de sí de esos precipitados matrimonios…-. Pero más adelante se introdujo una modalidad todavía peor, que aún perdura, los abortos inducidos por los padres de la gestante. Detrás de estas soluciones encubridoras prevalece en muchos casos ‘salvaguardar el buen nombre de la familia’ -¿qué van a pensar de nosotros?-; pan para hoy, ¿hambre para mañana? (3)

A algunos obispos les hubiera ido bien recordar las palabras de Jesús antes de tomar algunas decisiones: “no hay cosa escondida que no vaya a saberse, ni secreto que no acabe por hacerse público” (4) y pensar que son más importantes los fieles y los principios que el chiringuito. A los demás nos cabe procurar que la reputación que tengamos no se convierta en una cadena.

(1) Más vale ponerse una vez colora(d)o que ciento amarillo: Recomienda afrontar con decisión las situaciones difíciles, con el objeto de no arrepentirse después por no haberlo hecho en su momento (http://cvc.cervantes.es/lengua/refranero/ficha.aspx?Par=59060&Lng=0)
(3) Pan para hoy, y hambre para mañana: Ante la inestabilidad de los bienes terrenales, conviene ser precavidos y acumular lo necesario no sólo para el momento actual sino también para el futuro inmediato y no tan inmediato. (http://cvc.cervantes.es/lengua/refranero/ficha.aspx?Par=59274&Lng=0)
21. Y les decía: -¿Acaso se enciende la lámpara para ponerla debajo de un celemín o debajo de la cama? ¿No se pone sobre un candelero?
22. Pues no hay cosa escondida que no vaya a saberse, ni secreto que no acabe por hacerse público.
23. Si alguno tiene oídos para oír, que oiga.

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