sábado, 28 de noviembre de 2015

Ética y libertad

Un camino apasionante

Dice Catherine L’Ecuyer que la libertad es la capacidad de escoger lo bueno.* La afirmación contrasta con la percepción tan extendida de concebir la libertad como hacer lo que nos da la gana.

Un fragmento de La historia interminable aborda esta concepción:
Bastián le enseñó al león la inscripción del reverso de la Alhaja.
- ¿Qué significa -preguntó- “HAZ LO QUE QUIERAS”? Eso quiere decir que puedo hacer lo que me dé la gana, ¿no crees?
El rostro de Graógraman pareció de pronto terriblemente serio y sus ojos comenzaron a arder.
* No -dijo con voz profunda y retumbante-. Quiere decir que debes hacer tu Verdadera Voluntad. Y no hay nada más difícil.
- ¿Mi Verdadera Voluntad? -repitió Bastián impresionado- ¿qué es eso?
* Es tu secreto más profundo que no conoces.
- ¿Cómo puedo descubrirlo entonces?
* Siguiendo el camino de los deseos, de uno a otro, hasta llegar al último. Este camino te conducirá a tu Verdadera Voluntad.
- No me parece muy difícil -opinó Bastián-.
* Es el más peligroso de todos los caminos -dijo el león-.
- ¿Por qué? -pregunto Bastián-. Yo no tengo miedo.
* No se trata de eso -retumbó Graógraman-. Ese camino exige la mayor autenticidad y atención, porque en ningún otro es tan fácil perderse para siempre.**

De cómo usemos la libertad dependerá lo que sea nuestra vida, de ahí la relación entre ética y libertad. La libertad es la puerta de acceso a la capacidad de mejorar como seres humanos, pero ejercer la libertad supone estar dispuesto a comprometerse, y el compromiso es fruto de la responsabilidad.

Quien no está dispuesto a ser responsable no será libre. Quizá podrá encontrarse cómodo, porque la libertad supone asumir riesgos. Quien actúa ha de admitir que se puede equivocar, como el encargado de lanzar un penalti es el único que puede acertar, aunque puede errar. Sólo alcanza la gloria quien arriesga y la mediocridad nos encamina hacia la mezquindad.

El filósofo Leonardo Polo ahonda en la relación entre ética y libertad como el medio necesario de mejora personal, de crecimiento interior; un propósito que nos mantiene plenamente activos hasta el final de nuestros días: La ética está vinculada a la perfección que el hombre ha de lograr, pues no le es enteramente dada de antemano. Por eso el hombre es libre con sentido; la libertad no es un absurdo. Algunos preferirían no ser libres, porque sienten la libertad como una carga, o les asustan las responsabilidades. Pero sin la libertad el hombre no puede mejorar. La alternativa es ahora: el hombre puede ser mejor o empeorar. De la alternativa propia de la libertad se desprende esta descripción: el hombre es un sistema abierto; no un sistema en equilibrio, sino un sistema que en el tiempo no alcanza nunca su equilibrio.***

De la vida espiritual se dice que es como subir por unas escaleras automáticas que descienden, no impulsarse para ascender supone bajar. Sin embargo, no hay que desanimarse si recorrer el camino se hace costoso, como declama el rey Basilio en La vida es sueño:
el hado más esquivo,
la inclinación más violenta,
el planeta más impío,
sólo el albedrío inclinan,
no fuerzan el albedrío.****

*Catherine L’Ecuyer: Educar en la realidad – Plataforma Editorial – Colección Plataforma actual – Capítulo 15. Página 144
**Michael Ende: La historia interminable – RBA editores – Narrativa actual nº 9 – Capítulo XV ‘O’. Página 227
***Leonardo Polo - Quién es el hombre - VI. La ética - El hombre como sistema abierto
****Pedro Calderón de la Barca - La vida es sueño ‘Jornada I, escena VI’



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