viernes, 27 de noviembre de 2015

Salvador Sostres

Polemista profesional

Pese a su dilatada experiencia periodística supe de Salvador Sostres hace unos tres años a raíz de la queja generalizada que generó una de sus columnas, pienso que relacionada con la violencia contra la mujer. Desde entonces le he visto algunas veces en televisión, he leído algunos de sus artículos y últimamente le oigo por la radio en el programa de Carlos Herrera.

He de confesar que ha logrado desconcertarme en bastantes ocasiones, por la lógica que emplea en sus discursos. Desprecia la corrección política y la mediocridad; critica con acidez y afán de desenmascarar a periodistas que considera paniaguados, ventajistas o gregarios; y a aquellos políticos que son sectarios, populistas o serviles; defiende causas que socialmente están en entredicho; cuenta en ocasiones aspectos personales de la vida familiar y derrocha ternura al hablar de su hija.

El lema de su columna Guantánamo en El Mundo era “escribir es meterse en problemas”, que hace justicia con el modo que tiene de expresarse y al rumor mediático que originan muchas de sus manifestaciones. Siendo catalán, tiene la valentía de desmarcarse del oasis periodístico que le rodea. Alaba el lujo y la cocina cualificada recordándome a Jordi Estalella interpretando el personaje Tito B. Diagonal, por una parte, y al periodista Néstor Luján por otra.

Profesionalmente es, sobre todo, polemista. En ese terreno se mueve como pez en el agua y es capaz de desesperar a su interlocutor, porque no pierde la calma y tiene un verbo ágil en ese escenario. Quizá emule, sin pretenderlo, a Chesterton, en cuanto a romper las barreras de la lógica periodística y apartarse del discurso mayoritario, sin llegar a la profundidad argumental del británico y utilizando un  tono más sarcástico.

Cuando tratamos con alguien que bromea con frecuencia al hablar, nos cuestionamos a menudo sus afirmaciones para evitar que nos tome el pelo, calibrando si lo dice en serio o no. Cuando lees u oyes a Sostres ocurre algo parecido, en muchas ocasiones hay que dejar de lado el asombro que producen algunas de sus manifestaciones para luego valorar el contenido.


No sé si suscribe la afirmación de Dalí: “lo importante es que hablen de ti, aunque sea bien”, pero su modo de proceder es de los que producen filias y fobias. Su mejor virtud es alejar al lector u oyente del sopor que produce un discurso previsible, una singularidad que es su mayor atractivo periodístico.



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