Polemista profesional
Pese a su dilatada
experiencia periodística supe de Salvador Sostres hace unos tres años a raíz de
la queja generalizada que generó una de sus columnas, pienso que relacionada
con la violencia contra la mujer. Desde entonces le he visto algunas veces en
televisión, he leído algunos de sus artículos y últimamente le oigo por la
radio en el programa de Carlos Herrera.
He de confesar que ha
logrado desconcertarme en bastantes ocasiones, por la lógica que emplea en sus
discursos. Desprecia la corrección política y la mediocridad; critica con
acidez y afán de desenmascarar a periodistas que considera paniaguados,
ventajistas o gregarios; y a aquellos políticos que son sectarios, populistas o
serviles; defiende causas que socialmente están en entredicho; cuenta en
ocasiones aspectos personales de la vida familiar y derrocha ternura al hablar
de su hija.
El lema de su columna
Guantánamo en El Mundo era “escribir es meterse en problemas”, que hace
justicia con el modo que tiene de expresarse y al rumor mediático que originan
muchas de sus manifestaciones. Siendo catalán, tiene la valentía de desmarcarse
del oasis periodístico que le rodea. Alaba el lujo y la cocina cualificada recordándome
a Jordi Estalella interpretando el personaje Tito B. Diagonal, por una parte, y
al periodista Néstor Luján por otra.
Profesionalmente es,
sobre todo, polemista. En ese terreno se mueve como pez en el agua y es capaz
de desesperar a su interlocutor, porque no pierde la calma y tiene un verbo
ágil en ese escenario. Quizá emule, sin pretenderlo, a Chesterton, en cuanto a
romper las barreras de la lógica periodística y apartarse del discurso
mayoritario, sin llegar a la profundidad argumental del británico y utilizando
un tono más sarcástico.
Cuando tratamos con
alguien que bromea con frecuencia al hablar, nos cuestionamos a menudo sus
afirmaciones para evitar que nos tome el pelo, calibrando si lo dice en serio o no.
Cuando lees u oyes a Sostres ocurre algo parecido, en muchas ocasiones hay que
dejar de lado el asombro que producen algunas de sus manifestaciones para luego
valorar el contenido.
No sé si suscribe la
afirmación de Dalí: “lo importante es que hablen de ti, aunque sea bien”, pero su
modo de proceder es de los que producen filias y fobias. Su mejor virtud es
alejar al lector u oyente del sopor que produce un discurso previsible, una
singularidad que es su mayor atractivo periodístico.
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