jueves, 12 de noviembre de 2015

Filosofía y verdad

La eterna búsqueda

El Evangelio* nos deja en ascuas cuando Pilatos después de formularle a Jesús la pregunta: ¿Qué es la verdad?, se marcha sin esperar respuesta.

La verdad no siempre se vislumbra con nitidez y además sabemos que nuestro conocimiento siempre será parcial como refleja un pasaje de la biografía novelada de santo Tomás de Aquino escrita por Louis de Wohl**, La luz apacible:
Un alumno le pregunta a Tomás:
-Maestro: ¿Cómo definiría la verdad?
-La verdad es la adecuación o conformidad entre la visión intelectual y el objeto considerado. El error, la no conformidad.
Y a continuación repregunta (parece que tiene vocación de periodista).
-Pero, ¿podemos conocer la verdad total?
-No. Sólo Dios... Pero eso no quiere decir que nuestro conocimiento, aunque sea parcial, tenga que ser falso. Pensad, por ejemplo, que encontráis en la calle un trozo de estaño. Si pensáis que es de plata, os equivocáis. Pero si decís: «es un trozo de metal», acertáis y decís la verdad, aunque no sepáis que es un trozo de estaño perteneciente a una copa que ya no servía. Yo, por mi parte, puedo saber eso -porque vi quién la tiraba a la basura- y no saber, sin embargo, que vos lo ibais a recoger. Pero lo que yo sé también es verdad. El único que lo sabe todo -toda la verdad- es Dios. El sabe de dónde procedía ese trozo de estaño y cuál será su destino final. Conoce todas sus propiedades, muchas de las cuales nosotros ignoramos, y cuál ha sido, es y será su destino en el Universo. Lo cual no quiere decir que lo que vos y yo sabemos, por incompleto que sea, no sea verdad.

La respuesta puede tranquilizar momentáneamente a algunos, pero para los intelectualmente inquietos parece insuficiente, porque bulle en su interior el deseo de profundizar, de alejarse de la tentación de un escepticismo estéril.

El filósofo Leonardo Polo*** se dirige especialmente a sus colegas cuando en su obra Quién es el hombre se hace eco de una recomendación que Tomás de Aquino dirige a los filósofos comentando la Metafísica de Aristóteles en la que indica que el filósofo considera al principio todas las dificultades, y después, de acuerdo con un orden, trata universalmente de la verdad. Precisamente porque al filósofo le corresponde tratar universalmente de la verdad, si no considera las dificultades, se parecería más bien a uno que no sabe dónde va… y continúa el autor: Si no sabemos que la filosofía es algo así como un triunfo que se ha ido adquiriendo a través de los siglos con un gran esfuerzo pensante, rectificando planteamientos insuficientes, conquistando aproximaciones a la verdad y encontrando en el camino grandes dificultades, mal podemos entender qué es estudiar filosofía. La verdad es esquiva, hay que conquistarla. Se encuentra y se oculta, se resiste a aparecer, pone sus legítimas condiciones.

Y para aquellos que piensan y manifiestan que no hay una verdad objetiva, sumergiéndola en la subjetividad: ‘mi verdad’, ‘tu verdad’, ‘su verdad’; un poema de Machado**** es suficientemente explícito:
¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.

*Jn. 18,38
** Louis de Wohl: La luz apacible (The quiet Light) 1949 – Ediciones Palabra 1984 – Traducción Joaquín Esteban Perruca - Libro tercero. Capítulo XV. Páginas 285-286 y 286-287
*** Leonardo Polo: Quién es el hombre 1991 – Ediciones Rialp 1991        I.El hombre ante los problemas. Los límites de la ciencia’ •El trilema hiatrogénico. Páginas 40-41

****Antonio Machado: Antología poética – Salvat editores- Biblioteca básica Salvat, libro RTV 16 – Nuevas canciones (1917-1930), Galerías LXXXV




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