Más que una comedia
Los que nos emocionamos con facilidad viendo películas tenemos ocasión de
hacer trabajar a nuestros lacrimales con Ojalá
fuera cierto (Just Like Heaven) dirigida por Mark S. Waters.
La fantasía del relato permite que no se preste mucha atención a las
incoherencias narrativas del guión, pero no por ello está exenta de mensajes
más profundos que quizá pasen desapercibidos por tratarse de una comedia.
David está deprimido desde que murió su mujer, la estrambótica situación
que vive con las apariciones de Elizabeth en el apartamento le sacan del
ensimismamiento que le mantenía bloqueado.
Elizabeth hipoteca su vida y su salud por el trabajo, dejándose utilizar
por sus compañeros.
Los sobrinos de Elizabeth tratan con naturalidad a su tía, pese a estar
postrada en coma, le hablan, hacen travesuras… Me ha recordado la atención que
tenían mis sobrinas con mi padre los cerca de cinco años que pasó enfermo tras
varios ictus, cómo le mimaban, cuando murió ellas tenían ocho y seis años.
Situación que contrasta con la aprehensión de algunos padres que evitan que sus
hijos visiten enfermos graves u hospitales pensando que les va a trastornar
emocionalmente.
Elizabeth ha hecho un testamento vital que querría deshacer cuando se da
cuenta de sus consecuencias y no tiene posibilidad física de dar marcha atrás.
Se puede relacionar el exagerado empeño del destino para que David y
Elisabeth unan sus vidas, con la cadena de casualidades que han propiciado que
muchas parejas se conocieran y unieran sus vidas.
Además de la emoción, los sollozos y las lágrimas hay otros aspectos
sugerentes que se pueden considerar, si se quiere.
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