miércoles, 2 de marzo de 2016

No hay que perder la esperanza

Jubileo de la misericordia

Cuando lo anunció el papa Francisco lo recibí con escepticismo. Me sonaba a buenismo, a todo el mundo es bueno, ancha es Castilla y tópicos del mismo cariz. Hasta que cayó en mis manos el texto de la bula papal* que me envió el obispado de Terrassa y empecé a leerla. En el punto 2 encontré un párrafo que me cautivó: “Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado.” Me di cuenta de que nunca había profundizado en este aspecto capital de la vida cristiana.

Dios siempre tiene la mano tendida, nos viene a decir el texto, pero se precisa nuestra colaboración como apuntaba Agustín de Hipona (San Agustín): ‘Dios que te creo sin ti, no te salvará sin ti’. La palabra clave es conversión y en este sentido decía el obispo de Terrassa en su carta del primer domingo de cuaresma: “Convertirse no es arreglar el exterior, la fachada; es  cambiar la escala de valores, el centro de la vida, el eje que vertebra toda la existencia. Convertirse en el fondo es ser realista, muy realista, tan realista como para llegar a poner el fundamento de la existencia entera en Dios. Para ello es preciso ponerse delante de Él con sinceridad y sin miedo, confrontar nuestra vida con su Palabra hasta el punto que llegue a iluminar el interior entero, incluidos los puntos ciegos de nuestra psicología, los autoengaños, aquellas zonas que nos da miedo examinar,  que quizá año tras año y cuaresma tras cuaresma dejamos sin iluminar porque en el fondo nos da miedo afrontar la reforma que necesita nuestra vida.”**

O sea, que no basta con hacer excursiones para cruzar puerta santas para ganar el jubileo, sino estar dispuestos a modificar aspectos de nuestra vida que nos alejan de la misericordia divina y de  la confraternización con nuestros semejantes. No es un camino fácil, pero hemos de tener la confianza de que no nos van a faltar los medios para llevarlos a cabo. ¿Qué se nos pide? Que nos pongamos a andar en esa dirección.

Vale la pena leer este breve texto y meditarlo. Luego, depende de cada uno el provecho que le puede sacar al mismo.





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