Cosa de todos
Mi ciberamiga Estela subía
a la red una imagen con tres frases del escritor uruguayo Eduardo Galeano denunciando
la superficialidad. Una de ellas decía: “Vivimos en la cultura del envase, que
desprecia el contenido”. La he recordado pensando en una de las canciones que con
frecuencia cantan ahora mis hijas -y que yo también había hecho antes- desde
que la descubrieron jugando a la Wii: A
quién le importa de Alaska. (1) Es de esas canciones pegadizas que podemos repetir
constantemente sin prestar apenas atención a su letra. La cantante madrileña (aunque nacida en Méjico) ha
transmitido una imagen rompedora en los escenarios y en su vida pública que realzan
su interpretación. Lo que dice parece un acto de rebeldía de quien se siente
acosado por su entorno, una especie de ¡dejadme en paz de una vez! Una
respuesta en la que rechaza el mimetismo y el gregarismo social para sumergirse
en un feroz individualismo.
A un individualismo que
busca exclusivamente el provecho particular se refería el filósofo Antonio
Millán Puelles en una conferencia ante antiguos miembros de la escuela de
negocios IESE (2), donde incidía en la curiosa coincidencia entre
individualismo y colectivismo en lo que hace referencia a la búsqueda del bien
común. A continuación se reproduce este interesante
fragmento:
“El liberalismo tiene la
pretensión… de defender y amparar la libertad humana… en sus modos reales que
primordialmente son modos individuales. Pero en sus formas más extremas, el
liberalismo degenera en un fanático y frenético individualismo, donde la iniciativa
privada es concebida como algo que conscientemente se dirige –o debe dirigirse- de una manera exclusiva, al provecho
particular de quien lo ejerce… Cuando
los ideólogos del colectivismo califican de egoísta a la iniciativa privada no
dicen, en realidad nada distinto de lo que ya han afirmado los secuaces de
ese desaforado y descompasado individualismo…
![]() |
| Antonio Millán Puelles |
Para ambos tipos de ideólogos la consecución del bien
común por la iniciativa privada
es cosa “mecánica”…, enteramente ajena a
la libertad del hombre y a sus planes, proyectos y designios. Por una
parte, los adictos al puro individualismo no niegan que la iniciativa privada
sea útil para el bien común, sino que lo sea cuando busca estar bien
conscientemente. Por otra parte, los defensores del colectivismo tampoco niegan
en redondo que para el bien común sea provechosa la iniciativa privada, sino
que este provecho se consiga de otra manera que por medio del cumplimiento de
los mandatos y las órdenes estatales. En
suma: la búsqueda consciente y
deliberada del bien común es, según todo esto, algo que corresponde al gobernante y únicamente a él; los demás
ciudadanos no han de procurar consciente
y deliberadamente otra cosa que el respectivo bien particular (dentro de una
subordinación al bien común que viene impuesta por la fuerza del Estado).
De esta suerte, se desconoce o se deprime una de las
notas capitales de la dignidad de la persona humana: la facultad de procurar
libremente el bien común. Lo que
constituye el fundamento de la dignidad de personas, no ha de ser tomada
únicamente como una capacidad de iniciativa, sino que además de esta dimensión
puramente psicológica –ni, buena ni mala, bajo el punto de vista moral-, ha de
implicar también la dimensión ética, en virtud de la cual el individuo humano
trasciende su propio bien particular, deseando y procurando el bien común, en
cuyo marco se inscribe el suyo propio.
El concepto integral de la libertad estriba en la
capacidad de iniciativa al servicio del bien común. Ni este servicio, ni esta capacidad, bastan, cada uno
de ellos por sí solo, para definir la libertad humana en su más plena acepción.”
(1) Letra de A quién le importa en el enlace http://www.musica.com/letras.asp?letra=5137
Interpretación de Alaska
con el grupo Fangoria: https://www.youtube.com/watch?v=XX_hWpPnd3I
(2) Antonio Millán Puelles:
La responsabilidad social del empresario.
Conferencia pronunciada en la Asamblea de la Agrupación de Miembros del IESE el
24 de mayo de 1984. Publicado un resumen en la revista Nuestro Tiempo, número
364, octubre 1984, páginas 108 a 121. El texto referido se encuentra en las
páginas 119 y 120.

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