lunes, 26 de septiembre de 2016

Discursos sin argumentos

Debates ruidosos con poca sustancia

Miguel Herrero
En TVE se retransmitía uno de los debates previos a las Elecciones Generales de 1986. Se cumplían cuatro años desde que el PSOE había llegado al gobierno y el tema tratado era el ‘estado del Estado’. “En un momento del debate, Miguel Herrero (Alianza Popular)…  mostró dos actas del Consejo de Ministros, referidas a unas bodegas reprivatizadas, a raíz de la expropiación de Rumasa, en las que se reflejaba una divergencia de 800 millones de pesetas. Alfonso Guerra (PSOE) negó la existencia de ese documento, y dijo textualmente: «Me está usted calumniando. Recuerde —le dijo a Herrero— que por algo semejante tiene usted un proceso abierto en Valladolid, y personalmente tengo la esperanza de que usted sea procesado. »

Alfonso Guerra
Al final del debate se cambió sorprendentemente el orden de intervención de manera que Guerra, que había iniciado las intervenciones, también las finalizó. En ese bloque “todos los intervinientes, salvo, claro está, Alfonso Guerra, concordaron en que estaba pendiente la auténtica reforma administrativa, la redacción de un estatuto de la función pública y un pacto de Estado sobre las autonomías y su financiamiento. Guerra… terminó reafirmando lo mismo que había dicho al principio: «Ustedes propenden a un modelo de vuelta atrás, mientras el nuestro es de modernidad" El resto de los intervinientes no pudieron replicar porque se dio por concluido el debate. (1)

Comenté este episodio con un amigo que estaba estudiando periodismo y hoy es corresponsal en Estados Unidos de un periódico de ámbito nacional, que me comentó que el discurso sin argumentos de Guerra había llegado con más fuerza a los televidentes, me ponía como ejemplo lo que había experimentado en su casa, que el de los demás. Han percibido que se ha impuesto a los demás.

Abundan las tertulias y debates políticos (también de sociedad y deportivos) en televisión donde parece que la solidez de los argumentos apenas cuenta: discursos insustanciales, palabrería hueca, reproches cruzados, broncas sistemáticas… Se potencia que haya confrontación, griterío, espectáculo visual, para que suba la audiencia y las redes sociales hiervan llenándose de mensajes. ¿Se puede sacar alguna conclusión positiva y fundamentada tras la emisión?

En este contexto me parece interesante reproducir un artículo de Manuel Casado publicado en la revista Nuestro Tiempo (2) con el título Estrategias del lenguaje político. La anécdota referida en el último párrafo es ilustrativa de un discurso sin argumentos que parece ser más eficaz que cualquier razonamiento, por muy fundamentado que esté.

Karl Johann Kautsky
Por ser más propio de los lenguajes totalitarios que del lenguaje político en general, resulta especialmente chocante  el reiterado uso que hoy se hace, por parte de la clase política  y de los gobernantes, del insulto y de la descalificación global como armas ofensivo-defensivas. Se acude a términos que presentan un rígido dualismo maniqueo, que clasifican los hechos y las personas en progresistas o reaccionarios. Son, en muchos casos, términos vacios, irracionales, que sólo sirven para golpear al adversario ideológico y dejarlo fuera de combate sin necesidad de esgrimir argumentos de razón, entre otros motivos porque quizá se carece de ellos.

Lenin
Se cuenta que uno de los colaboradores de Lenin dijo en cierta ocasión a éste que había que contestar a un artículo publicado por el socialista Kautsky. Lenin le respondió: “¿Y por qué contestar? Kautsky nos replicará, y habrá que contestar a su réplica; no terminaremos nunca. Basta con anunciar que Kautsky es un traidor a la clase obrera y todo quedará claro para todo el mundo

(2) Nuestro Tiempo. Número 350. Agosto 1983. Páginas 114 a 118. El fragmento referido en la 117.

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