Una herramienta
muy útil
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| El pensador de Auguste Rodin |
Hace unas semanas nos reencontramos algunos compañeros de colegio que no nos habíamos visto, en algunos casos, desde hace más de cuarenta años. Una de las conclusiones a las que llegamos durante nuestra larga conversación fue que el mejor profesor que habíamos tenido había sido Jaume Tufet, con el que habíamos cursado latín en tercero y cuarto del antiguo bachillerato (asimilables al 1º y 2º de ESO actuales) y Filosofía en 6º. Dos asignaturas que ya en aquellos tiempos eran socialmente desprestigiadas por considerarlas poco útiles para ‘ganarse’ la vida. (1) La pericia del profesor -una adecuada mezcla de formación, aptitud, actitud y experiencia- consiguió hacer atractivas a sus alumnos estas asignaturas consiguiendo unos sorprendentes resultados académicos en los exámenes que hacíamos fuera del centro escolar -en alguno de los institutos barceloneses- y nos introdujo la inquietud para debatir los temas tratados en Filosofía, que formaban parte de nuestras conversaciones al salir de la escuela mientras regresábamos a casa en metro.
Dice Robert Spaemann (2) que “el filósofo no sabe nada que el resto de las personas no sepa, pero él defiende el saber del hombre común y corriente en contra de los sofistas” (opinadores), y cita a Hegel para indicar que los filósofos: “quieren comprender lo que es en verdad, comprender la realidad. A través de eso cumplen indirectamente con una tarea: mantienen abierta la humanidad del hombre.”
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| Mayte Rius |
El filósofo piensa y argumenta penetrando en la entraña de la realidad. Esta tarea le capacita para ir más allá de lo que se exterioriza, buscar sus fundamentos, algo que resulta necesario para resolver satisfactoriamente los conflictos cotidianos. La periodista de La Vanguardia Mayte Rius daba cuenta en un artículo (3) de una tarea asignada a este colectivo que va tomando auge: la asesoría filosófica, presentada como ‘alternativa a los psicólogos a la hora de afrontar inquietudes y crisis personales’. ¿Qué puede aportar el filósofo a este cometido? Cita a Francesc Torralba: “ayuda a pensar, a reflexionar, a elaborar el árbol de decisiones, a sopesar los pros y contras y los efectos de cada posible decisión” y Soledad Hernández: “El diálogo ayuda a aclarar cosas, a adquirir un nivel de conciencia mayor sobre lo que se está haciendo, y el diálogo filosófico es claro, ordenado, conciso, profundo, juega con juicio crítico y evalúa las razones, y todo eso ayuda a las personas a ordenar sus ideas, a aclarar donde están sus incoherencias, porque el dolor y la insatisfacción suelen aparecer cuando hay incoherencias en el sistema mental de cada uno”.
Me ha sugerido este tema la lectura del libro del filósofo José Ferrater Mora Mujeres al borde de la leyenda, (4) que encontré escondido en el interior de una caja de cartón utilizada en uno de los traslados de domicilio. Ferrater construye un conjunto de historias tomando como referencia personajes femeninos históricos, mitológicos o de ficción. Con un tono humorístico –el filósofo no tiene por qué ser permanentemente serio y, no digo, antipático o aburrido- sus relatos, algunos de ellos extravagantes, incorporan un análisis social, una radiografía de los usos en boga. El bagaje cultural del autor queda patente y anima al lector, no sé si de forma deliberada, a recuperar una costumbre que en las épocas en que imperaba la censura era un ejercicio útil para saber algo más de lo que pasaba: aprender a leer entre líneas.
Primum vivere deinde philosophari dice el proverbio latino, pero para vivir en plenitud es muy útil aprender a filosofar.
(1) Una muestra de ello es la anécdota que refiere el director del Diari de Tarragona Josep Ramon Correal: “Una vez el ministro José Solís defendió en las Cortes eliminar el latín para dar más horas de gimnasia. «¿Para qué sirve hoy en día el latín?», preguntó a la Cámara. A lo cual Adolfo Muñoz Alonso, catedrático de Historia de la Filosofía, replicó: «Por de pronto, señor ministro, el latín sirve para que a su señoría, que ha nacido en Cabra, le llamen egabrense y no otra cosa». (http://www.diaridetarragona.com/el-blog-del-director/68872/trilingüisme)
(2) Entrevista Marcela García y Manfred Svensson a Robert Spaemann publicada en la Revista Nuestro Tiempo. Números 613-614. Julio-agosto 2005.
(4) José Ferrater Mora: Mujeres al borde de la leyenda (1991). He leído la edición publicada por Círculo de lectores.


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