Fácil de pregonar,
costosa de cumplir
Dicen que del roce
nace el cariño. Es lo que le ocurre a William Whittlestaff, que ha acogido en
su casa a Mary Lawrie, cumpliendo la promesa que le había hecho al padre de
ésta, para que no quedase desamparada cuando él y su esposa, madrastra de Mary,
hubieran fallecido. Su propósito es tratarla como una hija en una casa donde el
servicio es gobernado por la temperamental Dorothy Bagget, ama de llaves.
William tiene 50 años, está soltero y arrastra un desengaño amoroso en su juventud que le
hirió profundamente. Mary tiene 25 y sigue enamorada –sin manifestarlo
públicamente- de John Gordon, un joven con el que vivió un idilio platónico,
porque topó con la oposición de sus padres, que veían con malos ojos la
relación, por la quiebra económica de la familia de John.
La convivencia con
Mary va tejiendo un intenso sentimiento de amor en William y barrunta la idea
de convertirla en su esposa. Pero el señor Whittlestaff tropieza con dos
obstáculos: su honestidad y la sinceridad de Mary. Al proponerle matrimonio, Mary le confiesa su amor por John; a pesar de que hace bastante tiempo que no sabe
nada de él, mantiene viva la esperanza de que regrese para unirse a ella. Aun sorprendido y contrariado, William no detecta especial peligro en la persistencia de este recuerdo y no cambia sus planes, conminando a Mary para que le dé pronto una respuesta.
La señora Bagget considera que es un deber para Mary complacer a su señor, como prueba de gratitud
por las atenciones que le ha dispensado, aunque a ella le perjudique en la posición preeminente que tiene en la casa. La presión que ejerce hace mella en Mary para aceptar la
propuesta de William. Pero despues de consentir aparece de pronto en escena John, que ha hecho fortuna en
Sudáfrica y ha regresado para retomar la relación con Mary.
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| Anthony Trollope |
William sabe que para
convertir a Mary en su esposa tiene a su favor el compromiso de ésta, que sabe
que no se atreverá a romper unilateralmente; la complicidad –no solicitada- de
su ama de llaves y la seguridad económica que puede ofrecer a su amada. A John le favorece su juventud y la interferencia de un alocado clérigo
amigo y las hijas solteras de un hacendado vecino de William.
William es honesto. No
quiere que Mary sea una esposa sumisa o insensata. Por ello, todos los pasos que
dará irán encaminados a desentrañar qué es lo mejor para ella. Este sentimiento
prevalecerá sobre todos los demás. Sabe que ella no dará un paso sin su
consentimiento; sabe que John no instigará para ganarse el favor de Mary.
La trama de la obra
póstuma de Anthony Trollope, El amor de
un hombre de cincuenta años (An Old Man’s Love) *, publicada dos años después
de su fallecimiento, se desarrolla en la Inglaterra victoriana del siglo XIX, una
época retratada prolíficamente en libros y películas. El estilo de vida sosegado
y ceremonioso de la clase social acomodada, contrasta con los modos de vida
actuales en los países desarrollados, algo que no debería distraer al lector
del trasfondo que transmite el relato. Destaco dos mensajes que he percibido:
la entraña de la honestidad y la lógica del amor de pareja, que tantas veces se
aparta de la lógica racional.
La honestidad es muy
apreciada pero difícil de convertirla en un hábito, porque hay que enfrentarse
a un sinfín de obstáculos internos y externos. Hay que vencer las tendencias
interiores al ensimismamiento. Se necesita también fortaleza para imponerse a la
presión del entorno en los ámbitos en que las actitudes deshonestas se
convierten en rutinarias, o se alientan o, incluso, se presume de ellas. Ir a contracorriente siempre es complicado, pero en ambientes turbios está además mal visto
o se considera una afrenta.
La narración de
Trollope deja un regusto agridulce, pensando en la situación en la que queda el
señor Whittlestaff, quizá porque su honestidad se sustenta exclusivamente en el
deber y carece de un ingrediente necesario para que hacer el bien se convierta
en alegría: la esperanza.
P.S. Es noticia de
esta semana que el tenista Rafael Nadal ha renunciado a jugar el torneo de
Rotterdam aconsejado por sus preparadores. Lo sorprendente es la extrañeza que expresan algunos comunicadores al saber que el tenista que el tenista podía percibir 1.000.000 de euros presentándose al torneo, aunque se hubiera retirado por molestias durante el primer juego del
primer partido. ¡Cuántas veces se asocia honesto a tonto! Y luego nos quejamos
de que haya tantos deshonestos recalcitrantes.
* Libro leído: Anthony Trollope: El amor de un hombre de cincuenta años. An Old Man’s Love (1884). Editorial Funambulista. Colección Grandes clásicos. 1ª edición 2012. Traductoras: Alma Fernández Simón y Maite Roig Costa. 281 páginas.

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