martes, 28 de febrero de 2017

El aparte en escena

Recurso dramático difícil de representar

John Golden Theatre
Mientras leía Extraño interludio de Eugene O’Neill me quede intrigado sobre cómo podría resolverse en un escenario lo que Mary E. Farrell en la presentación de la obra expresa como “contrapunto entre los diálogos y los monólogos interiores de los ocho personajes” para que “el público presencie la lucha del consciente con el subconsciente. La voz exteriorizada intenta mantener las formas, la interior quiere estallar con la verdad que hace daño.” (1)

La obra está llena de estos monólogos interiores y me preguntaba cómo pueden representarse en un teatro conjugándola con la acción, sin que las interferencias resulten una carga demasiado pesada para el espectador o le hagan perder el hilo del relato.

En las Notas para una breve biografía de Eugene O’Neill que anteceden al texto de Largo viaje hacia la noche, Ana Antón-Pacheco expone cómo se escenificó la obra teatral cuando fue estrenada: “En toda la obra de O’Neill se percibe como constante temática una investigación en los diferentes niveles psicológicos de los personajes, lo que realiza no solamente mediante la introspección, sino también mediante aquellos elementos técnicos que puedan coadyuvar funcionalmente a lograr este fin. Cuando en 1928 se estrena Extraño interludio, en el escenario del John Golden Theatre de Nueva York, aparece un nuevo recurso dramático cuyo fin apunta a la afloración del subconsciente individual: el aparte. O’Neill, que conocía la obra de Freud sobre el inconsciente, utiliza este recurso en el personaje de Nina Leeds para intentar plasmar esta dicotomía. Esta traslación al lenguaje dramático del monólogo interior de la novela fue resuelta por el director, Philip Moeller, «congelando» sobre el escenario a los personajes que, aun estando presentes, quedaban marginados de la acción por la utilización del aparte. A pesar de su extremada longitud, de su morosidad, y de lo forzado de la solución técnica dada, Extraño interludio obtuvo tal éxito de taquilla que sorprendió incluso a los más optimistas.” (2)

Ana Antón-Pacheco
Sigo teniendo curiosidad por ver la obra representada en un teatro; no sé si tendré oportunidad de hacerlo o, como pasa tantas veces, si se mantendrá vivo el interés cuando surja la posibilidad. Quién sabe. De momento pasa a formar parte de la abultada carpeta de asuntos pendientes.

(1) Eugene O’Neill: Estrany interludi. Strange Interlude (1928). Edicions 62 / la Caixa. Col·lecció Les millors obres de la literatura universal del segle XX nº 26. 1ª edició 1988. Traducció Victòria Alsina i Keith. 363 pàgines (l’obra ocupa les planes 9 a 206)

(2) Eugene O’Neill: Largo viaje hacia la noche – Long Day’s Journey into Night (1940) – Cátedra – Colección Letras Universales número 51 – 5ª edición 2005 – Traducción: Ana Antón-Pacheco – 219 páginas

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