martes, 8 de julio de 2025

En torno al Sínodo (12)

Con espíritu deportivo

"Desde que hemos introducido los ‘videos shorts’ en la página web las visualizaciones han crecido muchísimo", comentaba el rector de una parroquia al hacerle mención de los datos que un feligrés había expuesto poco antes de finalizar la celebración eucarística. ¿Cala el mensaje que se transmite a través de ellos? Los administradores de la página web lo deben considerar un instrumento útil para la parroquia y sus feligreses, presentes y futuros.

Cada ‘video short’ es un reclamo, cuya eficacia dependerá del interés que el receptor muestre por el emisor o el contenido del mensaje. Es, en el caso que nos ocupa, como lanzar una semilla que ha de encontrar un terreno que la acoja para poder fructificar.

La sinodalidad también es una semilla que el papa Francisco promovió y necesita ser acogida por las comunidades eclesiales. ¿En qué terreno puede fructificar mejor? El Documento final del Sínodo indica (1): «La sinodalidad es ante todo una disposición espiritual que impregna la vida cotidiana de los bautizados y todos los aspectos de la misión de la Iglesia. Una espiritualidad sinodal brota de la acción del Espíritu Santo y requiere escucha de la Palabra de Dios, la contemplación, el silencio y la conversión del corazón En este sentido nos hablaba el papa León XIV el pasado domingo: «La Iglesia y el mundo no necesitan personas que cumplen con sus deberes religiosos mostrando su fe como una etiqueta exterior; necesitan, en cambio, obreros deseosos de trabajar en el campo de la misión, discípulos enamorados que den testimonio del Reino de Dios dondequiera que se encuentren» (2).

Hace unos días he leído que en la diócesis de Terrassa se ha constituido el Equipo sinodal diocesano compuesto por 9 miembros. Es un paso importante, pero nos advierte el Documento final: «La renovación de la comunidad cristiana sólo es posible reconociendo la primacía de la gracia. Si falta la profundidad espiritual personal y comunitaria, la sinodalidad se reduce a un expediente organizativo. Estamos llamados no sólo a traducir los frutos de la experiencia espiritual personal en procesos comunitarios, sino a tener la experiencia de cómo la práctica del mandamiento nuevo del amor recíproco es lugar y forma del encuentro con Dios. En este sentido, la perspectiva sinodal, a la vez que se inspira en el rico patrimonio espiritual de la Tradición, contribuye a renovar las formas: una oración abierta a la participación, un discernimiento vivido juntos, una energía misionera que nace del compartir y se irradia como servicio.»

Vivir la sinodalidad requiere esfuerzo. Uno podría pensar que bastaría con recopilar opiniones, hacer sugerencias o propuestas, plantear cuestiones diversas. Esto también lo pueden hacer los que el papa León XIV llama «“cristianos de ocasión”, que de vez en cuando dan cabida a algún buen sentimiento religioso o participan en algún evento» (2). Hace falta algo más: «Una espiritualidad sinodal exige también ascesis, humildad, paciencia y disponibilidad para perdonar y ser perdonado. Acoge con gratitud y humildad la variedad de dones y tareas distribuidos por el Espíritu Santo para el servicio del único Señor (3). Lo hace sin ambiciones ni envidias, ni deseos de dominio o control, cultivando los mismos sentimientos de Cristo Jesús, que “se despojó de sí mismo asumiendo la condición de siervo” (4)»; todo un programa de cristianismo activo propio de «los que están dispuestos a trabajar cada día en el campo de Dios, cultivando en su corazón la semilla del Evangelio para luego llevarla a la vida cotidiana, a la familia, a los lugares de trabajo y de estudio, a los diversos entornos sociales y a quienes se encuentran en necesidad» (2).

Un camino exigente, pero no imposible de llevar a cabo si lo afrontamos con espíritu deportivo y pedimos al Señor que ‘guie nuestros pasos’: «En una sociedad competitiva, donde parece que sólo los fuertes y los ganadores merecen vivir, el deporte también enseña a perder, poniendo a prueba al hombre, en el arte de la derrota, con una de las verdades más profundas de su condición: la fragilidad, el límite, la imperfección. Esto es importante, porque es a partir de la experiencia de esta fragilidad que nos abrimos a la esperanza. El atleta que nunca se equivoca, que no pierde jamás, no existe. Los campeones no son máquinas infalibles, sino hombres y mujeres que, incluso cuando caen, encuentran el valor para levantarse» (5).

(1) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale puntos tratados 43 a 46. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(2) Papa León XIV: Ángelus 6 de julio de 2025. Extraído de https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2025/documents/20250706-angelus.html

(3) Carta de san Pablo a los Corintios, capítulo 12, versículos 4 y 5: «Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor». Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/1-corintios/

(4) Carta de san Pablo a los Filipenses, capítulo 2, versículos 5 a 7: «Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.» Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/filipenses/

(5) Papa León XIV: Homilía del 15 de junio de 2025, fiesta de la Santísima Trinidad y Jubileo de los deportistas. Extraído de https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2025/documents/20250615-omelia-giubileo-sport.html

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