Un estandarte para la Iglesia y el mundo
“Cómo está el mundo señor Macario / cómo está el mundo, que atrocidad / con tanto cine / con tanta radio / vamos palante / vamos patrás”, interpreta El Consorcio una canción popular a ritmo de chotis (1). ‘Cómo está el mundo’, una expresión recurrente cuando observamos tantas cosas que pasan, a nuestro alrededor y más allá, que nos sumen en el desconcierto o nos hieren. ¿Qué hacemos más allá de lamentarnos? ¡Carpe diem!, vivamos el momento, gritarán algunos. ¡Acabemos con las fuerzas del mal! -según el propio criterio, se entiende-, proclamarán otros. ¡Yo a lo mío, los demás que se apañen!, pensaran algunos. Hay otras respuestas más alentadoras para la humanidad, por supuesto.
«Vivimos en una época marcada por el aumento de las desigualdades, la creciente desilusión con los modelos tradicionales de gobierno, el desencanto con el funcionamiento de la democracia, las crecientes tendencias autocráticas y dictatoriales, el dominio del modelo de mercado sin tener en cuenta la vulnerabilidad de las personas y la creación, y la tentación de resolver los conflictos por la fuerza en lugar del diálogo. Las prácticas auténticas de sinodalidad permiten a los cristianos desarrollar una cultura capaz de profetizar críticamente frente al pensamiento dominante y ofrecer así una contribución distintiva a la búsqueda de respuestas a muchos de los retos a los que se enfrentan las sociedades contemporáneas y a la construcción del bien común.»
Así acaba la primera parte del Documento final: «El modo sinodal de vivir las relaciones es una forma de testimonio con relación a la sociedad. Además, responde a la necesidad humana de ser acogido y sentirse reconocido dentro de una comunidad concreta. Es un desafío al creciente aislamiento de las personas y al individualismo cultural, que incluso la Iglesia ha absorbido con frecuencia, y nos llama al cuidado recíproco, a la interdependencia y a la corresponsabilidad por el bien común. Asimismo, desafía un exagerado comunitarismo social que asfixia a las personas y no les permite ser sujetos de su propio desarrollo. La disponibilidad de escuchar a todos, especialmente a los pobres, contrasta con un mundo en el que la concentración de poder deja fuera a los pobres, a los marginados, a las minorías y a la tierra, nuestra casa común. Tanto la sinodalidad como la ecología integral asumen la perspectiva de las relaciones e insisten en la necesidad de cuidar los vínculos: por eso se corresponden y se integran en el modo de vivir la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo.»
(2) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los
obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión.
Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione.
Documento finale, Primera parte, epígrafe La
sinodalidad como profecía social, puntos tratados 47 y 48. Enlace oficial:
https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf
(3) Libro del profeta Isaías, capítulo 12, versículo 13: «Izará una
enseña hacia las naciones, para reunir a los desterrados de Israel, y congregar
a los dispersos de Judá, desde los cuatro extremos de la tierra.» Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/isaias/
(4) Papa Francisco, Discurso para la conmemoración del 50
aniversario de la constitución del Sínodo de los Obispos, 17 de octubre de
2015: «Nuestra mirada se extiende también a la humanidad. Una Iglesia sinodal
es como un estandarte alzado entre las naciones (cf. Is 11,12) en un mundo que
—aun invocando participación, solidaridad y la transparencia en la
administración de lo público— a menudo entrega el destino de poblaciones
enteras en manos codiciosas de pequeños grupos de poder. Como Iglesia que
«camina junto» a los hombres, partícipe de las dificultades de la historia,
cultivamos el sueño de que el redescubrimiento de la dignidad inviolable de los
pueblos y de la función de servicio de la autoridad podrán ayudar a la sociedad
civil a edificarse en la justicia y la fraternidad, fomentando un mundo más
bello y más digno del hombre para las generaciones que vendrán después de
nosotros.» Extraído de https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2015/october/documents/papa-francesco_20151017_50-anniversario-sinodo.html





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