martes, 22 de julio de 2025

En torno al Sínodo (14)

Apuesta por la comunicación

Hay cariños que matan y atenciones que agobian. Cuando vi la película María Antonieta dirigida por Sofía Coppola me llamaron la atención algunas escenas en las que el exceso de servicio invadía la intimidad de los esposos mientras comían o de la reina en su alcoba. Se empujaba a los monarcas a vivir en una burbuja.

Tenemos experiencia, en mayor o menor medida de que cuanto más aprecio vertemos sobre nosotros mismos más maniáticos nos tornamos. El ascenso social va ligado en muchas ocasiones a amistades selectivas y compromisos clasistas. De la misma manera, cuanto más preocupada está una sociedad por el bienestar más encorsetada se encuentra la ciudadanía -por su salud, por su seguridad…-. Y los cristianos al poner los cinco sentidos centrados en las formas se pueden olvidar del fondo: qué supone vivir y relacionarse siguiendo las enseñanzas de Jesús.

La segunda parte del Documento final del Sínodo se inicia haciendo analogía entre la llamada de Jesús a los apóstoles para que le siguieran y la invitación del papa Francisco: «También el camino sinodal comenzó así: escuchamos la invitación del sucesor de Pedro y la acogimos; partimos con él y detrás de él. Juntos hemos orado, reflexionado, luchado y dialogado. Pero sobre todo hemos experimentado que son las relaciones las que sostienen su vitalidad, animando sus estructuras. Una Iglesia sinodal misionera necesita renovar ambas cosas» (1).

Jesús se relacionaba con todo el mundo. Algunos se lo retraían: «Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos de Jesús: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?». Jesús les respondió: “No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan”» (2). A nosotros nos puede dar repelús tratar con según quien, o nuestro entorno lo puede ver con desdén -no está bien visto-. Esta alergia la observamos también a diario en la vida política y social. Nos damos cuenta también que en este contexto la convivencia queda dañada.

Eran refractarios a Jesús los que estaban encantados de conocerse: los sabihondos, los aprovechados, los altaneros, los supremacistas, los perdonavidas; los hinchados de un ego propio o grupal que acorta las miradas y los hace rígidos, insensibles e inflexibles con quien no es de su cuerda. Glosando la parábola del samaritano decía el papa León XIV: «Este relato sigue desafiándonos también hoy, interpela nuestra vida, sacude la tranquilidad de nuestras conciencias adormecidas o distraídas y nos provoca contra el riesgo de una fe acomodada, ordenada en la observancia exterior de la ley, pero incapaz de sentir y actuar con las mismas entrañas compasivas de DiosLa mirada hace la diferencia, porque expresa lo que tenemos en el corazón: se puede ver y pasar de largo o bien ver y sentir compasión. Hay un modo de ver exterior, distraído y apresurado, un modo de mirar fingiendo que no se ve, es decir, sin dejarnos afectar ni interpelar por la situación; y hay un modo de ver, en cambio, con los ojos del corazón, con una mirada más profunda, con una empatía que nos hace entrar en la situación del otro, nos hace participar interiormente, nos toca, nos sacude, interroga nuestra vida y nuestra responsabilidad» (3).


La sinodalidad está orientada a favorecer la comunicación intra y extraeclesial: «A lo largo del recorrido del Sínodo y en todas las latitudes, surgió la llamada a una Iglesia más capaz de alimentar las relaciones: con el Señor, entre hombres y mujeres, en las familias, en las comunidades, entre todos los cristianos, entre los grupos sociales, entre las religiones, con la creación… El deseo de relaciones más auténticas y significativas no sólo expresa la aspiración a pertenecer a un grupo cohesionado, sino que corresponde a una profunda conciencia de fe: la calidad evangélica de las relaciones comunitarias es decisiva para el testimonio que el Pueblo de Dios está llamado a dar en la historia… Ser Iglesia sinodal exige, pues, una verdadera conversión relacional. Debemos aprender de nuevo del Evangelio que el cuidado de las relaciones no es una estrategia o una herramienta para una mayor eficacia organizativa, sino que es la forma en que Dios Padre se ha revelado en Jesús y en el Espíritu.»

Escribe san Pablo que «en Dios no hay acepción de personas» (4). Va bien para entender la sinodalidad recordar las palabras del papa Francisco en la JMJ de Lisboa: «Somos comunidad de hermanos y hermanas de Jesús, hijos e hijas del mismo Padre. Amigos, quisiera ser claro con ustedes, que son alérgicos a la falsedad y a las palabras vacías: en la Iglesia hay espacio para todos, para todos. En la Iglesia ninguno sobra, ningún está a más, hay espacio para todos. Así como somos. Todos. Y eso, Jesús lo dice claramente cuando manda los apóstoles a llamar al banquete de ese Señor que lo había preparado. Dice: vayan y traigan a todos: jóvenes y viejos, sanos y enfermos, justos y pecadores. Todos. Todos. Todos. En la Iglesia hay lugar para todos. Padre, pero hoy soy un desgraciado, soy una desgraciada, ¿hay lugar para mí? Hay lugar para todos. Todos juntos, cada uno en su lengua… cada uno en su lengua repita conmigo: todos, todos, todos… El Señor no señala con el dedo, sino que abre sus brazos… Nos abraza a todos. Nos muestra Jesús en la cruz, que tanto abrió sus brazos para ser crucificado y morir por nosotros. Él nunca cierra la puerta, nunca, sino que te invita a entrar. Entra y ve. Jesús recibe, Jesús acoge. En estos días, cada uno de nosotros transmite el lenguaje de amor de Jesús. Dios te ama; Dios te llama. Que lindo que es esto. Dios me ama, Dios me llama. Quiere que esté cerca de Él» (5).

Ese «todos, todos, todos» ha provocado algunos recelos entre quienes la asocian a la expresión “¡ancha es Castilla!” (6). Si nos olvidamos de la llamada que hace Jesús a la conversión unida a la acogida, no lo entenderemos bien; este «todos, todos, todos», nos anima a no tirar la toalla, a dejar de pensar que no tenemos remedio. Pero «todos, todos, todos», no quiere decir que valga ‘todo, todo, todo’. Se escucha a todos, se atienden sus consideraciones, consultas, propuestas o sugerencias, pero no hay peligro de desvarío doctrinal; a la luz de las Sagradas Escrituras y la tradición se irán estudiando y resolviendo las cuestiones que vayan surgiendo; es lo que supone actuar con discernimiento.

(1) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Segunda parte: En la barca, juntos. Puntos tratados 49 a 52. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(2) Evangelio según san Lucas, capítulo 5, versículos 30 a 32. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/lucas/

(3) Papa León XIV: Homilía del 13 de julio de 2025. Extraído de https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2025/documents/20250713-omelia-castelgandolfo.html

(4) Carta de san Pablo a los Romanos, capítulo 2, versículo 11. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/corpus-romanos/

(5) JMJ Lisboa 2023: Discurso del Santo Padre Francisco en la Ceremonia de acogida, 3 de agosto de 2023. Extraído de https://www.lisboa2023.org/es/articulo/papa-francisco-en-la-iglesia-hay-espacio-para-todos. También se puede ver en https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2023/august/documents/20230803-portogallo-cerimonia-accoglienza.html

(6) ¡Ancha es Castilla!: Expresión coloquial que se usa para animar a alguien, o a uno mismo, a actuar con libertad y de manera decidida. Extraído de https://www.rae.es/diccionario-estudiante/Castilla

 

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