miércoles, 30 de julio de 2025

En torno al Sínodo (15)

Atender a los contextos

«La kapia es el punto más importante del puente, de igual modo que el puente es la parte más importante de la ciudad; o, como escribió en su diario de viaje un viajero turco a quien los visegradeses trataron bien, “Su kapia es el corazón del puente, el cual es el corazón de esta ciudad que ha de permanecer en el corazón de todos”. La kapia demuestra hasta qué grado los antiguos arquitectos… ponían de manifiesto su inteligencia cuando se trataba no sólo de la solidez y de la belleza de la construcción, sino de la utilidad y de las comodidades que obtendrían las generaciones posteriores» (1).

Hay lugares emblemáticos. El premio Nobel de literatura Ivo Andrić nos indica uno de ellos: las dos terrazas construidas en el puente de Mehmed Paša Sokolović en Višegrad, localidad perteneciente a Bosnia-Herzegovina y lindante con Serbia. Un puente que no es sólo un medio de tránsito para cruzar el río Drina, sino que a su vez es nexo de unión entre dos culturas: la musulmana y la cristiana. Sus terrazas se han convertido a lo largo de sus más de cuatro siglos de existencia en punto de encuentro, de descanso, de esparcimiento, de confraternización, de celebración festiva… un lugar donde poder relacionarse unos y otros.

La sinodalidad expresa un modo de relacionarse que ha de extenderse por toda la Iglesia que no es ajeno a los distintos contextos en que ha de desarrollarse, como indica el Documento final del Sínodo (2): «La llamada a la renovación de las relaciones en el Señor Jesús resuena en la pluralidad de contextos en los que sus discípulos viven y realizan la misión de la Iglesia. Cada uno de estos contextos posee riquezas particulares que, indispensablemente, hay que tener en cuenta, vinculadas al pluralismo de las culturas. Sin embargo, todos ellos, aunque de manera diferente, llevan los signos de lógicas relacionales distorsionadas y a veces opuestas a las del Evangelio. A lo largo de la historia, el cierre a las relaciones se solidifica en verdaderas estructuras de pecado (3), que influyen en el modo de pensar y actuar de las personas. En particular, generan bloqueos y miedos, que es necesario afrontar cara a cara y atravesar para poder emprender el camino de la conversión relacional.»

Ninguna tradición cultural es inmaculada en su recorrido, algo que no nos debería extrañar a poco que nos examinemos honestamente sobre nuestro propio proceder. Continúa el Documento final: «Enraizados en esta dinámica están los males que afligen a nuestro mundo, empezando por las guerras y los conflictos armados, y la ilusión de que se puede alcanzar una paz justa por la fuerza de las armas. [Dudé en hacer mención al puente sobre el Drina cuando me enteré que allí hubo una gran matanza de civiles durante la guerra de Bosnia en 1992 (4).] Igualmente, letal es la creencia de que toda la creación, incluso las personas, puedan ser explotados a capricho con fines lucrativos. Esta es la consecuencia de las muchas y variadas barreras que dividen a las personas, incluso en las comunidades cristianas, y limitan las posibilidades de unos en comparación con las que disfrutan otros.»

En esta descripción tampoco la Iglesia sale bien parada: «Tantos males que asolan nuestro mundo se manifiestan también en la Iglesia. La crisis de los abusos, en sus diversas y trágicas manifestaciones, ha traído un sufrimiento indecible y a menudo duradero a las víctimas y supervivientes, y a sus comunidades. La Iglesia debe escuchar con particular atención y sensibilidad la voz de las víctimas y de los sobrevivientes de los abusos sexuales, espirituales, institucionales, de poder o de conciencia de parte de miembros del clero o de personas con cargos eclesiales. La auténtica escucha es un elemento fundamental en el camino hacia la sanación, el arrepentimiento, la justicia y la reconciliación. En una época que experimenta una crisis global de confianza y que incita a las personas a vivir en la desconfianza y la sospecha, la Iglesia debe reconocer sus propios defectos, pedir perdón humildemente, hacerse cargo de las víctimas, dotarse de herramientas de prevención y esforzarse por reconstruir la confianza mutua en el Señor.»

Que salgan a la luz tantos desmanes ni ha de oscurecer la encomiable labor que realizan innumerables hijos de la Iglesia en todo el mundo, ni ha de impedir que la semilla del Evangelio se siga sembrando en todo tipo de terrenos esperando ser acogida; siendo conscientes de la propia debilidad, pero con la esperanza puesta en quien «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (5): «La escucha de los que sufren la exclusión y la marginación refuerza la conciencia de la Iglesia de que es parte de su misión hacerse cargo del peso de estas relaciones heridas para que el Señor, el “Viviente”, pueda sanarlas. Sólo así puede ser “en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (6). Al mismo tiempo, la apertura al mundo nos permite descubrir que en cada rincón del planeta, en cada cultura y en cada grupo humano, el Espíritu ha sembrado las semillas del Evangelio. Éstas fructifican en la capacidad de vivir relaciones sanas, de cultivar la confianza mutua y el perdón, de superar el miedo a la diversidad y dar vida a comunidades acogedoras, de promover una economía que cuide de las personas y del planeta, de reconciliarse después de un conflicto.»

Al caminar juntos para lograr estos propósitos no han de olvidarse las palabras de san Pablo: «Llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo» (7); unos y otros hemos de ayudarnos a recorrer el itinerario de la santidad al que cada uno está llamado.

(1) Ivo Andrić: Un Puente sobre el Drina. Título original: No Drini Cuprija (1945). Editorial: Debolsillo – Colección: Contemporánea, número 289 – 2ª edición (2010). Traductor: Luis del Castillo Aragón. 499 páginas. Capítulo primero, página 18.

(2) Francisco, XVI Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Título original: Por una Chiesa sinodale: comunione, participazione, missione. Documento finale, Segunda parte: En la barca, juntos. Puntos tratados 53 a 56. Enlace oficial: https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP---Documento-finale.pdf

(3) Juan Pablo II: Carta encíclica Sollicitudo rei socialis, punto 36: «Hay que destacar que un mundo dividido en bloques, presididos a su vez por ideologías rígidas, donde en lugar de la interdependencia y la solidaridad, dominan diferentes formas de imperialismo, no es más que un mundo sometido a estructuras de pecado. La suma de factores negativos, que actúan contrariamente a una verdadera conciencia del bien común universal y de la exigencia de favorecerlo, parece crear, en las personas e instituciones, un obstáculo difícil de superar. Si la situación actual hay que atribuirla a dificultades de diversa índole, se debe hablar de “estructuras de pecado”, las cuales se fundan en el pecado personal y, por consiguiente, están unidas siempre a actos concretos de las personas, que las introducen, y hacen difícil su eliminación. Y así estas mismas estructuras se refuerzan, se difunden y son fuente de otros pecados, condicionando la conducta de los hombres.» Extraído de https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html

(4) Ver, por ejemplo, artículo en El mundo con ella del 14 de junio de 2022. Enlace : https://www.elmundoconella.com/bosnia-herzegovina/visegrad-la-belleza-del-drina-y-el-recuerdo-de-un-horrible-pasado/

(5) 1ª Carta de San Pablo a Timoteo, capítulo 2, versículo 4. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/1-timoteo/

(6) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, número 1: «La Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano, ella se propone presentar a sus fieles y a todo el mundo con mayor precisión su naturaleza y su misión universal, abundando en la doctrina de los concilios precedentes. Las condiciones de nuestra época hacen más urgente este deber de la Iglesia, a saber, el que todos los hombres, que hoy están más íntimamente unidos por múltiples vínculos sociales técnicos y culturales, consigan también la plena unidad en Cristo.» Extraído de https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

(7) Carta de san Pablo a los Gálatas, capítulo 6, versículo 2. Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/galatas/

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