miércoles, 21 de octubre de 2015

El hombre propone…

La vocación religiosa

Hace unos días hemos vuelto a ver en casa Sonrisas y lágrimas, la magnífica película dirigida por Robert Wise, que combina con acierto los aspectos dramáticos y musicales del guión. No sé cuantas veces van, pero no nos cansamos.

De los muchos aspectos a destacar quiero hacer mención a una escena que tiene lugar en el despacho de la madre abadesa. Una conversación entre ésta y la novicia María que ha regresado a la abadía precipitadamente tras un breve encuentro con la baronesa Schroeder durante una fiesta en la casa del capitán von Trapp.

La abadesa se interesa por los motivos de su regreso y María le comenta que estaba asustada, confundida respecto a sus sentimientos y que sabía que en la abadía se encontraría a salvo.

La abadesa le comenta:
 “María nuestra oración no puede utilizarse como una evasión. Qué es lo que no puedes afrontar.”

María le informa que el capitán von Trapp es el origen de esa inquietud y que la baronesa le había dicho que ella estaba enamorada de él y él de ella, pero que eso era imposible porque no era de su clase y, además, estaba comprometido y que, por ello, no podía permanecer allí, concluyendo:
“Estoy preparada para hacer mis votos, ayúdeme madre”.

La abadesa le aclara:
“María, el amor de hombre y mujer es santo también. Tú tienes gran capacidad para amar, lo que debes averiguar es cómo desea Dios que entregues tu amor.”

María se sorprende:
 “Ya he ofrecido mi vida a Dios, la he ofrecido a su servicio.”

 La abadesa le replica:
“Hija mía, si amas a ese hombre eso no quiere decir que ames menos a Dios, no, tienes que averiguar qué es lo que Dios quiere para ti.”

Y ante la reticencia de María continúa:
“Estas paredes no se levantaron para eludir problemas, tienes que afrontarlos, tienes que vivir la vida para la cual naciste.”

La escena acaba con la interpretación de Climb Ev'ry Mountain (Sube montañas)* por la madre abadesa.

En el Full dominical del 11 de octubre** el obispo de Terrassa comentaba: “Las personas de vida consagrada son como estrellas en un mundo en tinieblas que está buscando cómo orientarse. A través de la oración y la serenidad nos señalan el sentido de la vida, que no es otro que el que refleja aquel poema de la santa (Teresa de Jesús), que ha pasado a ser el lema del Jubileo teresiano entre nosotros: “vuestra soy, para Vos nací, ¿Qué mandáis hacer de mí?”

La vida religiosa no es, en último término, consecuencia de un deseo de estar cerca de Dios, ni de admiración por las obras que realiza una determinada comunidad, ni mucho menos un refugio para resolver un conflicto personal, sino la respuesta a una llamada personal de Dios. Una vocación que es preciso discernir por el candidato y los responsables de la comunidad y, después, consolidar con la perseverancia. Como dice el refrán: “el hombre propone y Dios dispone”.


**Monseñor Josep Àngel Saiz: Teresa de Jesús, maestra de oración. Full dominical de l’Església Diocesana de Terrassa, nº 41, 11 de octubre de 2015


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