Adicciones juveniles
Hay libros que cuesta
leer, no por la forma en que están escritos, ni por el lenguaje que emplean, sino
por el tema que tratan y la forma de exponerlo. Es lo que me ha ocurrido
leyendo Hecho polvo de Wolfgang
Gabel. Nos retrata un ambiente juvenil donde prolifera el consumo de alcohol,
la promiscuidad sexual y la droga. El núcleo central de
la narración es la drogadicción de Peer, un joven estudiante. Cómo se inicia en
el consumo, cómo se va apoderando de su vida y modificando su conducta y cómo
repercute en su entorno. Hay otros personajes destacados: Sonja, su madre y
Bollerer.
Sonja, coprotagonista
de la historia, es una antigua compañera de clase con la que mantiene una relación que
le abruma. Está obsesionada en sobreatenderle y controlarlo a través del sexo. La madre de Peer orgullosa
de lo que han conseguido económicamente pese a sus orígenes, es sobreprotectora
y quiere que su hijo tenga lo mejor, pensando que así prestigia la familia. Bollerer es un
antiguo profesor que se convierte en su principal confidente. Le inició en el consumo
con el fin de calmarle los dolores de cabeza y después se convirtió en amante
ocasional.
Durante el relato se
ponen de manifiesto algunas situaciones que acompañan a estos casos: la
tardanza del entorno más inmediato en percatarse, la ineficacia de un control
excesivo después de detectarlo, la dificultad para desengancharse por la
dependencia adquirida y las tentaciones del entorno, las reincidencias tras las
curas de desintoxicación… Un atisbo de esperanza aflora al final de la
narración, pero el autor se queda en el esbozo.
Me ha recordado
algunas dolorosas situaciones que he presenciado en familiares y vecinos, y que
difícilmente se comprenden desde fuera. Una de mis tías, que tenía un hijo en
esta situación, y estaba desbordada le preguntaba a mi madre: ¿Tú que harías?, la contestación fue “pedir de no encontrarme en la misma situación”.
Aunque los padres se
esfuercen en educar y atender a sus hijos para que adquieran madurez y sepan
orientar sus vidas, siempre hay un margen de riesgo de que puedan tomar
decisiones equivocadas. Es algo que, mal que nos pese, hay que asumir y en esos
casos pienso que es fundamental que perciban que cuentan con el apoyo de su
familia.
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