Un mensaje que perdura
Hoy es su fiesta,
pasados ya los 500 años desde su nacimiento su testimonio permanece. Leí hace
unos años sus obras completas, pero tengo la sensación de no haberles sacado
mucho provecho, quizá el momento no fue el más adecuado o tenía que haber
desmenuzado la lectura obra a obra con pausas intermedias. Reerlas está en la carpeta
virtual de tareas pendientes.
Sin embargo, a menudo
recuerdo los primeros versos del conocido poema Nada te turbe, especialmente en momentos de mayor inquietud:

Y, complementando este
precioso consejo de la santa, me hago eco de una anécdota que denota su grado de familiaridad
en el trato con Jesús y, a la vez, su energía y buen humor, en dos versiones que
son complementarias:
“Entre los “fiorettis” o
florecillas teresianas, hay una en que se cuenta: “Era la fundación del Carmelo
de Burgos, el último año de su vida. Pleno de barrizales el camino. Se había
desbordado el Arlanzón y el agua rebasaba los pontones de Buniel. Teresa y sus
monjas se apean del carromato y chapotean en el fango. Con peligro de caer al
río. Ella se queja al Señor. Y Él le responde: “Teresa, así trato yo a mis
amigos”. Y replica ella. “Por eso tienes tan pocos.”
anecdotario-pilumdigital.blogspot.com.es/2007/08/217-eyyeyeye.html. Recogido del libro de Marcelle
Auclair La vida de Santa Teresa de Jesús,
página 308
"Cuando la comitiva
llegó a orillas del río se divisaba una inmensa extensión de agua bajo la cual
apenas se divisaban los puentes; eran tan estrechos que a la menor desviación o
empuje de la corriente, carros, mulas, hermanos, hermanas, criados y Fundadora
rodarían hacia el torrente. Pero, ‘¿no era menester vivir sin temor de nada, ni
de la muerte ni de los acontecimientos de la vida?’. Las descalzas, empero,
pedían la absolución a los descalzos y la bendición a su Madre. Ella se la dio
alegremente.
Su carro se aventuró el
primero y ella obligó a sus compañeros y compañeras a que le prometiesen volver
a la posada en caso de que se ahogase.
Dios le dijo: ¿Cuándo yo
te he faltado? Y no le faltó en medio de los peligros.
Los que estaban en la
ribera vieron su carruaje menearse y quedar como colgado sobre la torrentera:
la Madre saltó, con el agua hasta las rodillas, pero estaba poco ágil y se
lastimó. Como siempre, su lamento fue una invocación a Dios y se quejó:
-Señor entre tantos
daños y me viene esto.
La Voz le respondió:
-Teresa, así trato Yo a
mis amigos.
-¡Ah, Señor!, por eso
tenéis tan pocos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario