jueves, 15 de octubre de 2015

Teresa de Cepeda y Ahumada

Un mensaje que perdura

Hoy es su fiesta, pasados ya los 500 años desde su nacimiento su testimonio permanece. Leí hace unos años sus obras completas, pero tengo la sensación de no haberles sacado mucho provecho, quizá el momento no fue el más adecuado o tenía que haber desmenuzado la lectura obra a obra con pausas intermedias. Reerlas está en la carpeta virtual de tareas pendientes.

Sin embargo, a menudo recuerdo los primeros versos del conocido poema Nada te turbe, especialmente en momentos de mayor inquietud:

Y, complementando este precioso consejo de la santa, me hago eco de una anécdota que denota su grado de familiaridad en el trato con Jesús y, a la vez, su energía y buen humor, en dos versiones que son complementarias:
“Entre los “fiorettis” o florecillas teresianas, hay una en que se cuenta: “Era la fundación del Carmelo de Burgos, el último año de su vida. Pleno de barrizales el camino. Se había desbordado el Arlanzón y el agua rebasaba los pontones de Buniel. Teresa y sus monjas se apean del carromato y chapotean en el fango. Con peligro de caer al río. Ella se queja al Señor. Y Él le responde: “Teresa, así trato yo a mis amigos”. Y replica ella. “Por eso tienes tan pocos.”

anecdotario-pilumdigital.blogspot.com.es/2007/08/217-eyyeyeye.htmlRecogido del libro de Marcelle Auclair La vida de Santa Teresa de Jesús, página 308
"Cuando la comitiva llegó a orillas del río se divisaba una inmensa extensión de agua bajo la cual apenas se divisaban los puentes; eran tan estrechos que a la menor desviación o empuje de la corriente, carros, mulas, hermanos, hermanas, criados y Fundadora rodarían hacia el torrente. Pero, ‘¿no era menester vivir sin temor de nada, ni de la muerte ni de los acontecimientos de la vida?’. Las descalzas, empero, pedían la absolución a los descalzos y la bendición a su Madre. Ella se la dio alegremente.
La vida de Santa Teresa de Jesús-¡Ea, mis hijas! ¿Qué más bien queréis que ser aquí mártires por amor de Nuestro Señor?
Su carro se aventuró el primero y ella obligó a sus compañeros y compañeras a que le prometiesen volver a la posada en caso de que se ahogase.
Dios le dijo: ¿Cuándo yo te he faltado? Y no le faltó en medio de los peligros.
Los que estaban en la ribera vieron su carruaje menearse y quedar como colgado sobre la torrentera: la Madre saltó, con el agua hasta las rodillas, pero estaba poco ágil y se lastimó. Como siempre, su lamento fue una invocación a Dios y se quejó:
-Señor entre tantos daños y me viene esto.
La Voz le respondió:
-Teresa, así trato Yo a mis amigos.
-¡Ah, Señor!, por eso tenéis tan pocos.

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