Continuación de la
entrada anterior
¿Queremos
reducir a polvo cuanto acaba de decir? He aquí cómo deberemos hacerlo.
-¿Qué
entiende usted por igualdad?
-Igualdad,
igualdad... bien claro está lo que significa.
-Sin
embargo no estará de más que usted nos lo diga.
-La
igualdad está en que el uno no sea ni más ni menos que el otro.
-Pero
ya ve usted que esto puede tomarse en sentidos muy varios; porque dos hombres
de seis pies de estatura serán iguales en ella, pero será posible que sean muy
desiguales en lo demás; por ejemplo, si el uno es barrigudo como el gobernador
de la ínsula Barataria, y el otro seco de carnes como el caballero de la Triste
Figura. Además dos hombres pueden ser iguales o desiguales en saber, en virtud,
en nobleza, y en un millón de cosas más; con que será bien que antes nos
pongamos de acuerdo en la acepción que da usted a la palabra igualdad.
-Yo
hablo de la igualdad de la naturaleza, de esta igualdad establecida por el
mismo Criador, contra cuyas leyes nada pueden los hombres.
-Así
no quiere usted decir más sino que por naturaleza todos somos iguales...
-Cierto.
-Ya;
pero yo veo que la naturaleza nos hace a unos robustos, a otros endebles, a
unos hermosos, a otros feos, a unos ágiles, a otros torpes, a unos de ingenio
despejado, a otros tontos, a unos nos da inclinaciones pacíficas, a otros
violentas, a unos... pero sería nunca acabar si quisiera enumerar las
desigualdades que nos vienen de la misma naturaleza.
¿Dónde está la igualdad
natural de que usted nos habla?
-Pero
estas desigualdades no quitan la igualdad de los derechos...*
Continúa
en la siguiente entrada

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