…con G. K.
Chesterton
Lo que pretendemos aquí es, simplemente, resumir la combinación de ideas que forman la idea cristiana y católica, y damos cuenta de que todas ellas se encuentran ya cristalizadas en la primera historia de Navidad. Son tres realidades distintas y puestas habitualmente en contraste que, sin embargo, son una misma cosa. Pero esto es lo único que puede hacerles constituir una única realidad. La primera es el instinto humano de que el cielo ha de ser algo tan localizado y tan literal como un hogar. Es la idea perseguida por todos los poetas y paganos creadores de mitos, de que un lugar particular debe ser el santuario del dios o la morada del bienaventurado: que el país de las hadas es un lugar concreto o que el retorno del espíritu debe ser la resurrección del cuerpo. No pretendo criticar el rechazo del racionalismo a satisfacer esta necesidad. Lo único que digo es que si los racionalistas rechazan satisfacerlo, los paganos no quedarán satisfechos. Es un hecho que está presente en la historia de Belén y de Jerusalén, como está presente en la historia de Delos y de Delfos, de la misma forma que no está presente en el universo de Lucrecio o de Herbert Spencer. El segundo elemento es una filosofía más amplia que otras filosofías, más que la de Lucrecio e infinitamente mayor que la de Herbert Spencer. Mira el mundo a través de cientos de ventanas donde el antiguo estoico o el moderno agnóstico sólo mira a través de una. Ve la vida con miles de ojos que pertenecen a miles de personas de diverso tipo, allí donde los estoicos y los agnósticos sólo tienen un individual punto de vista. Tiene algo para todos los estados de ánimo del hombre; encuentra trabajo para todo tipo de personas: entiende los secretos de la psicología: es consciente de las profundidades del mal; es capaz de distinguir entre las maravillas ideales e irreales y las excepciones milagrosas: resuelve con tacto los casos más difíciles. Todo, con una multiplicidad, una sutileza y una imaginación sobre las distintas facetas de la vida que está muy lejos de los tópicos estériles o superficiales de la más antigua o la más moderna filosofía moral. En una palabra, hay más contenido en ella; encuentra más elementos en la existencia sobre los que pensar; extrae más cosas de la misma vida. Desde santo Tomás, la aportación acerca de los diferentes aspectos de nuestra vida ha ido en aumento. Pero santo Tomás solo, se habría encontrado limitado en el mundo de Confucio o de Comte. Y el tercer punto es éste, que mientras que es lo bastante local para la poesía y más amplia que cualquier otra filosofía, es también un desafío y una lucha. Mientras que se ensancha deliberadamente para abarcar todos los aspectos de la verdad, se encuentra rígidamente fortificada contra cualquier forma de error. Consigue que todo género de personas luchen por ella: consigue todo tipo de armas para luchar: amplía el conocimiento de las cosas por las que lucha y contra las que lucha con todo género de artes, de curiosidad o de comprensión, pero nunca olvida que está luchando. Proclama paz en la tierra y nunca olvida por qué hubo guerra en el cielo.
Ésta es la
trinidad de verdades simbolizada aquí por los tres arquetipos de la vieja
historia de Navidad: los pastores, los reyes, y ese otro rey que acabó con los
niños.
G.K. Chesterton: El hombre eterno ‘1925’ (The Everlasting Man) - Ediciones Cristiandad ‘2009’ – Colección: Pensamiento y Teología – Traducción: Mario Ruiz Fernández - Segunda parte: El hombre llamado Cristo. I. El Dios de la cueva. Páginas 238 y 239


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