Con la mirada puesta en el beneficiario
Giovanni Guareschi, famoso por haber creado el personaje Don Camilo, un peculiar párroco que anda a la greña con el alcalde comunista de su pueblo, Pepone, es el autor del libro de relatos El décimo clandestino. En un fragmento del titulado Vida con la madre un niño explica su experiencia con los regalos que ha recibido por Navidad y cuyo contenido adquiere mayor relevancia en esta época del año en que la costumbre impulsa a convertirnos en donantes y receptores de los mismos.
Giovanni Guareschi que me parece
especialmente apropiado:
‘…Querido
Niño Jesús: hubiera querido escribirte por Navidad el año pasado y, una noche,
pregunté a mamá que sello hacia falta para escribir al Niño Jesús para los
regalos. Pero el presidente, que también estaba, dijo que a los niños no se les
tenía que llenar la cabeza de fantasías y de cuentos porque luego lo pasan mal
con la realidad de la vida. Y explicó que, a los niños, los regalos se los
hacen los padres. Pero mamá, luego, me dijo lo que pasa de verdad. O sea, el
Niño Jesús, por Navidad, hace un regalo a los niños de todo el mundo. Un
regalito porque hay centenares de millones de niños. Los pobres tienen que
contentarse con el regalito del Niño Jesús. Los hijos de los ricos, en cambio,
tienen más porque antes de Navidad la secretaria del presidente, por ejemplo,
dice al presidente: ‘Señor presidente me permito recordarle que pronto será
Navidad y habrá que pensar en los regalos…’. Y el presidente contesta: ‘Muy
bien señorita. Ocúpese de ello como siempre’ Entonces la secretaria va de
tiendas y compra los regalos del presidente para el hijo y para la mujer del
presidente. Vete a saber que me regalará, por Navidad, la secretaria de mi
marido…
‘…Me quedé algo inseguro y dije que,
si era así, un niño rico, al recibir tantos regalos no puede saber cuáles son
los de la secretaria y cuál el del Niño Jesús’. Pero mamá se puso a reír y
contestó: ‘Si el niño rico es tonto, no lo entiende. Pero si es inteligente, al
mirar bien los regalos enseguida se dará cuenta de cual es el del Niño Jesús’.
Le pregunté si llevaba alguna señal especial y me dijo que no: ‘No lleva
ninguna señal especial: pero así como los regalos de la secretaria podrían
gustar a todos los niños de tu edad, el del Niño Jesús te gustaría sólo a ti’.
‘Mamá lo sabe todo. Tanto es así que, por Navidad, recibí
los regalos y enseguida me di cuenta de cuál era el del Niño Jesús. El coche de
pedales modelo fuera de serie, el tren eléctrico, el mecano eran preciosos,
pero les habrían gustado a todos los niños que conozco. En cambio, lo que a los
otros que conozco no les habría gustado es un trineo de madera y uno de esos
gorritos de lana que se suben, con la visera hacia afuera y que luego se bajan
hasta el cuello y sólo queda un agujero para la cara…’"
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