Vivir
involuntariamente en un decorado
Había oído
mencionarla pero no le había prestado atención. Una vez más la biblioteca ha
sido el medio para fijarme en ella y pedirla prestada después de leer la
información de la carcasa del DVD. Pero a primera vista no me enteré muy bien
por dónde iban los tiros. Tras un primer intento fallido, logré verla por
completo después de percibir la orientación del argumento.
El show de
Truman, dirigida por
Peter Weir, nos presenta un hipotético experimento sociológico. El aparente
entorno real en que discurre la vida de Truman es un hiperdecorado concurrido
por multitud de actores, donde sólo él es autónomo aunque controlado, y en
torno a él gira toda la trama del guión. El programa copa la parrilla de un
canal de televisivo y su horizonte temporal lo marca el tiempo que tarde Truman
en darse cuenta de todo el montaje y decida abandonar el decorado hiperrealista
donde transcurre su existencia. El creador del proyecto, Christof, confía en
que tardará en producirse esa situación, a pesar de los treinta años de emisión
ininterrumpida. Incluso teoriza sobre ello: “aceptamos las realidad del mundo
tal como nos la presentan” .
La actitud de los
televidentes empatizando con el protagonista, recuerda a los seguidores habituales
de culebrones o reality show. También
el deseo de adentrarse en la intimidad de los demás, voyeurismo, como en Gran Hermano y
similares, o el recurso al cotilleo como suele ser habitual en los programas de
crónica rosa.
El tono es
amable, en parte por la peculiar manera de actuar de Jim Carrey, cuya
gestualidad recuerda a Louis de Funes, sin la carga semántica de los
comentarios del actor francés. También dulcifican el argumento algunas escenas de
los protagonistas y, en general, aquellas en las que intervienen los
televidentes.
No se abordan
temas relacionados con la religión y con la política, quizá para llegar a más
público y evitar controversias.
Una vez puesto en
situación me ha parecido una película interesante.
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