Cuando la fe se convierte en ideología
La herencia del viento. La vi en un plafón de la biblioteca municipal
donde destacaban libros y DVD con temática educativa. Leí el resumen que
aparecía en la carcasa, miré los intérpretes y me decidí a pedirla prestada.
El pueblo está sugestionado por la enseñanza de una
creencia peculiar de la Biblia, dirigida por un pastor que pone el acento en
presentar un Dios justiciero al que hay que temer. Las manifestaciones en
contra del acusado y su abogado se suceden y la actitud de Brady añade tensión
al proceso por pretender convertirse en defensor de la fe y costumbres del pueblo.
Dirigida por Stanley Kramer, con un gran duelo
interpretativo entre Spencer Tracy y Fredric March, es una película que invita a
la reflexión, muy apropiada para una sesión de cine-forum. El director abusa de escenas folclóricas y carga las tintas en algunos personajes, quizá con la pretensión de destacar lo que quiere denunciar, però esta escenificación resta intensidad al contenido de algunos de los diálogos.
El tema se puede extrapolar a otras situaciones
en las que una población se ve encorsetada por una ideología que no deja pensar
a sus habitantes, que la siguen por mimetismo, gregarismo o miedo a ser
estigmatizados si se apartan del camino trazado.
Se basa en hechos reales y el origen del título procede del
versículo de los Proverbios (11, 29): «El que perturba su casa, solo heredará el viento, y el insensato, será
esclavo del sabio de corazón»*
que se verbaliza en una escena hacia el final de la película.
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