Controla tus deseos
Noooooooooooo!!!!
dijo mi hija al despertarla para ir al colegio cuando estaba disfrutando de
un bello sueño.
Muchas
veces soñamos despiertos y cuando te martillean con anuncios como “¡te atreves
a ser millonario!”, puedes estar empezando a hacer cábalas pensando en lo que
harías si te tocase un superpremio.
Dice
el protagonista de La sinrazón: “El hecho de que pueda tocar la lotería no
desmiente el hecho de que lo normal sea que no toque. Pero... siempre sigue a
la comprobación negativa un sentimiento de pérdida... de una energía, de una
corriente de voluntad que iba ya por el cauce virtual de un determinado número
de pesos y que, al sumirse en la nada... queda en peligro de disipación, de
anonadamiento.”* La sensación de haber perdido el tiempo en un vano sentimiento
que provoca la decepción. Síndrome del globo pinchado.
Dice
otro anuncio: “¿Y si toca aquí?”. Durante un tiempo, un familiar muy
cercano exteriorizaba sus anhelos profesionales y su mujer replicaba: “controla tus
deseos porque a veces se cumplen”. Y es que al acrecentarse la ilusión se intensifica la luz de la cara A, los beneficios, ensombreciendo
la cara B, los inconvenientes. Como le ocurre a Gigi, uno de los personajes de
Momo, convertido en la estrella que deseaba ser y sin tiempo para dedicar a sus antiguos amigos: “No puedo volverme atrás, ni aunque
quisiera. Se acabó. Una cosa te puedo decir, Momo: lo más peligroso que existe
en la vida son las ilusiones que se cumplen. Por lo menos, cuando ocurre como
en mi caso. Ya no me queda nada que soñar. Ni siquiera entre vosotros podría
volver a aprenderlo. Estoy tan harto de todo.”**
¡Es
tan agradable soñar!, que hasta lo podemos preferir a ver nuestra ilusión
colmada. En El vicario de Wakefield nos dan una razón: “Ha sido observado mil
veces, y yo he de hacerlo una vez más, que las horas que pasamos planeando
felices proyectos son más amenas que otras coronadas de goces. En el primer
caso preparamos el plato según nuestro propio gusto; en el segundo, es la
naturaleza quien nos lo prepara”.
Dice
el refrán: “de ilusión también se vive”, y no hay que desdeñar lo que supone este sentimiento de
estímulo en nuestra actividad y para impulsar proyectos que la estricta
racionalidad nos impediría abordar, pero, como en todo, hay que encontrar la
justa medida para que ni nos bloquee ni nos ciegue.
*
Rosa Chacel: La sinrazón 1960 - Plaza&Janés 1994 – Colección Biblioteca
de Autor nº 172/4 - Primera parte. 4. Página 122
**
Michael Ende: Momo 1973 - Círculo de Lectores 1989 - número 34074 - Traducción:
Luis Ogg - Tercera parte: Las flores
horarias. Capítulo quince: Encontrado y perdido. Página 176
*** Oliver Goldsmith: El vicario de Wakefield 1776 - Editorial Ramón
Sopena 1967 - Biblioteca Sopena, número 71-1, capítulo 10
No hay comentarios:
Publicar un comentario