jueves, 17 de septiembre de 2015

Ilusiones y realidades

Controla tus deseos

Noooooooooooo!!!! dijo mi hija al despertarla para ir al colegio cuando estaba disfrutando de un bello sueño.

Muchas veces soñamos despiertos y cuando te martillean con anuncios como “¡te atreves a ser millonario!”, puedes estar empezando a hacer cábalas pensando en lo que harías si te tocase un superpremio.

Dice el protagonista de La sinrazón: “El hecho de que pueda tocar la lotería no desmiente el hecho de que lo normal sea que no toque. Pero... siempre sigue a la comprobación negativa un sentimiento de pérdida... de una energía, de una corriente de voluntad que iba ya por el cauce virtual de un determinado número de pesos y que, al sumirse en la nada... queda en peligro de disipación, de anonadamiento.”* La sensación de haber perdido el tiempo en un vano sentimiento que provoca la decepción. Síndrome del globo pinchado.

Dice otro anuncio: “¿Y si toca aquí?”. Durante un tiempo, un familiar muy cercano exteriorizaba sus anhelos profesionales y su mujer replicaba: “controla tus deseos porque a veces se cumplen”. Y es que al acrecentarse la ilusión se intensifica la luz de la cara A, los beneficios, ensombreciendo la cara B, los inconvenientes. Como le ocurre a Gigi, uno de los personajes de Momo, convertido en la estrella que deseaba ser y sin tiempo para dedicar a sus antiguos amigos: “No puedo volverme atrás, ni aunque quisiera. Se acabó. Una cosa te puedo decir, Momo: lo más peligroso que existe en la vida son las ilusiones que se cumplen. Por lo menos, cuando ocurre como en mi caso. Ya no me queda nada que soñar. Ni siquiera entre vosotros podría volver a aprenderlo. Estoy tan harto de todo.”**

¡Es tan agradable soñar!, que hasta lo podemos preferir a ver nuestra ilusión colmada. En El vicario de Wakefield nos dan una razón: “Ha sido observado mil veces, y yo he de hacerlo una vez más, que las horas que pasamos planeando felices proyectos son más amenas que otras coronadas de goces. En el primer caso preparamos el plato según nuestro propio gusto; en el segundo, es la naturaleza quien nos lo prepara”.

Dice el refrán: “de ilusión también se vive”, y no hay que desdeñar lo que supone este sentimiento de estímulo en nuestra actividad y para impulsar proyectos que la estricta racionalidad nos impediría abordar, pero, como en todo, hay que encontrar la justa medida para que ni nos bloquee ni nos ciegue.

* Rosa Chacel: La sinrazón 1960 - Plaza&Janés 1994 – Colección Biblioteca de Autor nº 172/4 - Primera parte. 4. Página 122
** Michael Ende: Momo 1973 - Círculo de Lectores 1989 - número 34074 - Traducción: Luis Ogg - Tercera parte: Las flores horarias. Capítulo quince: Encontrado y perdido. Página 176
*** Oliver Goldsmith: El vicario de Wakefield 1776 - Editorial Ramón Sopena 1967 - Biblioteca Sopena, número 71-1, capítulo 10


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