domingo, 27 de septiembre de 2015

Un paréntesis en la vida cotidiana

Cada caminante ha de seguir su camino

La vida cotidiana de dos hermanas ancianas, Ursula y Janet, en un pueblo costero inglés, Cornwall, se ve perturbada cuando descubren el cuerpo de un hombre en la orilla de la playa. A partir de ahí se construye el guión de La última primavera (Ladies in Lavender) dirigida por Charles Dance y basada en un breve relato de William J. Locke.

Las ancianas se hacen cargo del náufrago, Andrea, que necesita recuperarse de sus heridas. Lo hacen con esmero superando las barreras idiomáticas. Descubren su habilidad con el violín y a medida que su estado de salud mejora se va integrando en las actividades del pueblo. La irrupción de Olga, una pintora rusa que ha venido a inspirarse para recuperar su capacidad artística y es hermana de un afamado violinista, cambiará el rumbo de los acontecimientos. Andrea abandonará precipitadamente Cornwall sin despedirse cuando se le presenta una oportunidad profesional.

La historia se ubica en los años previos a la segunda guerra mundial. En el guión apenas se tratan las circunstancias que han llevado a Andrea y Olga a Cornwall, y pone atención en la bondad de las ancianas, el sentido común de la sirvienta, Dorcas, los riesgos del afecto mal entendido, los celos de algunos lugareños y el poder aglutinador que produce la música.


Aceptar que cada persona ha de seguir su camino, es el reto al que se enfrentan las ancianas y que resuelven con entereza.




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