Saber y
comunicar
Hay una
famosa frase del político y orador ateniense Pericles* que se utiliza para reflexionar
sobre el arte oratorio: «El que sabe y no se explica claramente, es igual que
si no pensara». Según Julián Marías** ha llegado a nuestro conocimiento a
través del historiador griego Tucídides***.
Cuando
escucho y/o miro una tertulia política espero de los participantes que enriquezcan
mi conocimiento de la realidad a través de los argumentos y datos que aportan. Considero
que los tertulianos deberían ser personas con suficiente preparación para
opinar del tema que se trata y en posesión de información relevante que pueden compartir
con quienes les están oyendo y/o viendo.
Desgraciadamente
en muchos casos no es así, especialmente en las televisadas. Lo padecemos cuando
el espectáculo se come al razonamiento, el debate se convierte en un conjunto
de monólogos, se sobreactúa, abunda el vocerío y las posturas monolíticas, se
convierte en un foro para promocionar consignas de los partidos políticos, se
habla sin conocimiento de causa…
El afamado
comunicador radiofónico Luís del Olmo, indicaba cuales eran los enemigos de la
radio “que contaminan su
mensaje: la banalidad, la falta de rigor, la improvisación, el hablar por
hablar, el darlo todo por bueno, el griterío, la burocracia, el oficialismo, la
sumisión a la publicidad, la docilidad a la voz de su amo; hay que eliminar
este tipo de molestos invitados y recorrer las ondas ligeros de equipaje.”****
Pero volviendo a la
frase de Pericles, no basta conocer la realidad sino que hay que saberla
expresar. Le había oído en alguna ocasión al mismo Luís del Olmo hablar sin
nombrarlas de algunas incorporaciones fallidas a su programa, personas de gran valía
profesional que no pasaban la prueba de saber comunicar a través de las ondas.
Se dice, quizá son fabulaciones, que le resulta más difícil enseñar a un superdotado que
a uno que ha sacado sus estudios a trancas y barrancas. El motivo radica en que
el primero apenas ha tenido que esforzarse para alcanzar el conocimiento de la
materia mientras que el segundo ha tenido que aprender a superar sus
limitaciones en el aprendizaje. De esta distinta experiencia se sigue un distinto
grado de comprensión de las dificultades que surgen en el proceso de
aprendizaje del alumno.
Oxigenar el
pensamiento, que salga a la luz a través de la conversación o los escritos,
tanto da el número de destinatarios, para poder comparar y corregir, para
enriquecerse de argumentos pegados a la realidad, para aprender a transmitir lo
que a uno le bulle en su interior.
Es una buena
gimnasia intelectual, aunque nos puede asaltar el temor que se anunciaba en la
leyenda que Salvador Sostres anotaba en su columna Guantánamo del periódico ‘El Mundo’: “escribir es meterse en
problemas”. Y entonces… Tengo grabada y ha sido motivo de reflexión en más de
una ocasión una frase que oí en una película: “vivir con miedo es vivir a
medias”.
**Julián Marías: Lo que dijo Pericles. Artículo publicado en ABC el 7 de mayo de 1998, extraído de www.conoze.com/doc.php?doc=1926
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