Demasiada hojarasca
Cuando he visto u oído a Javier
Urra en un medio de comunicación sus comentarios me han parecido acertados e interesantes.
Es un profesional con dilatada experiencia en el trato con menores
problemáticos, lo que le da peso a sus afirmaciones.
Hace unas semanas vi una
entrevista en la que presentaba su libro El
pequeño dictador crece. Esto me animó a leer el libro que le precedió: El pequeño dictador*. Y me he llevado una
decepción por la forma en que se desarrolla la exposición.
El autor opta por atiborrar de
información al lector, lo que se traduce en un contenido que supera con creces
lo que se quiere encontrar en el libro a tenor de su título. Abundantes citas,
algunas de ellas muy extensas y poco trabajadas, pues no se filtra lo que puede
ser de interés para el epígrafe. Alguna autocita que se expone como si fuera de
otro. Se muestran algunos casos que son un extenso atestado policial o
judicial, con pormenores que no aportan información relevante para el lector. Acrítico
con la legislación. Bastantes dosis de moralina con frases encabezadas con “hay
que…”. Insistente en el tema de la exigencia y de los límites en el proceso
educativo. En otros aspectos morales polémicos pasa de puntillas.A pesar de su extensión y de que me ha resultado cansino en algunos tramos, lo he leído entero, aunque la lectura hubiera sido mucho más provechosa si se hubiera ceñido al tema central propuesto de forma más concreta.
*Javier Urra: El pequeño dictador. Círculo de lectores, Barcelona 2006
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