Más
fácil no quiere decir mejor
Una
de las pruebas del concurso ‘Saber y Ganar’ presentado por Jordi Hurtado en la
2 de Televisión Española, consiste en un ejercicio de cálculo mental en el que
hay que resolver 7 operaciones encadenadas en 30 segundos. A pesar de que las
circunstancias pueden alterar la competencia del concursante para resolverlo
correctamente, sorprende las serias dificultades que tienen algunos de ellos que
son titulados en carreras científicas o técnicas.

No
es extraño encontrar a profesionales que han de hacer frecuentes cálculos
(administrativos, empleados de banca, dependientes de comercio...), que para
realizar cualquier operación, por sencilla que sea, recurren a la calculadora. Sabemos
que esta herramienta nos ayuda a resolver con mayor rapidez operaciones
complejas que si las realizásemos mental o manualmente. Pero cuando se
convierte en una dependencia para todo tipo de cálculo se generan serios
inconvenientes. Uno de ellos es el bloqueo que puede surgir cuando hay que realizar
algún cálculo y no se dispone de ninguna calculadora a mano. Otro es inhabilitar la percepción
del error producido por un mal tecleo -si quiero sumar 10+2 y por error tecleo
un 5 por el 2, veo el resultado 15 y lo doy por bueno-. Las facilidades que
proporciona la tecnología no deben obviar disponer de una buena base teórica y práctica de
conocimientos.
Los
titulares de los departamentos de educación de algunas comunidades autónomas
compiten por el uso de elementos tecnológicos en las aulas, está bien, pero
debería preocuparles más que los estudiantes tengan suficientemente claros los
principios básicos de cada materia. Entonces la tecnología será realmente útil.
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