El lamentable papel de
excolonizadores y la ONU
Cuando se fomenta
el odio cualquier excusa puede ser válida para que se produzca una masacre. En
Rwanda fue la muerte del presidente en abril de 1994 -¿accidente? ¿atentado?- la
que provocó la matanza masiva de tutsis en manos del ejército y las milicias
hutu. El papel inoperante y cobarde que jugó la ONU y los antiguos
colonizadores agudizó el balance sangriento de la acción deliberada de
exterminio.
La Radio
Televisión Libre de las Mil Colinas o RTLM (Radio Télévision Libre des Mille
Collines) tuvo una actuación determinante para buscar la complicidad de toda la
población hutu en el genocidio. Como suele pasar en casos parecidos hay un
trabajo de despersonalización, los tutsis eran cucarachas que había que
exterminar, y consignas, talar los árboles altos. Al mismo tiempo atribuirles
el deseo de querer el poder para someter al pueblo hutu.
La población se
dividía en aproximadamente el 85% de hutus y 15% de tutsis. En tiempos de
colonización belga los tutsis habían gobernado el país, pero al descolonizarse,
Bélgica entregó el gobierno a los hutus, cuyo ejecutivo alimentó los resquemores
que procedían de la época en que gobernaban los tutsis.
Las dos películas
se basan en hechos reales, la segunda de ellas se rodó en el escenario de los
hechos, aunque su protagonista principal, el padre Christopher, era en realidad
el sacerdote bosnio Vjeko Curic. En ambas quedan en evidencia la ONU y la
comunidad internacional, para los que poco importaban, de hecho, los rwandeses.
Cabe destacar que
el centro del problema no era una raza, los hutus, sino el fomento del odio que
se fue alimentando durante muchos años. En otros países del entorno los que
sufrieron fueron los hutus a manos de los tutsis, pero no se llegó a cometer
una atrocidad de la magnitud que se produjo en Rwanda.
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