miércoles, 6 de enero de 2016

Fortaleza en los lazos de sangre

Con la ayuda de la amante de su marido

Hay películas a las que cuesta encontrar el sentido y a medida que avanza la filmación te vas preguntando hacia dónde se dirige el guión. Esa sensación se produjo mientras veía El color púrpura, dirigida por Steven Spielberg. Sabía que había obtenido muchas nominaciones pese a no haber obtenido ningún Oscar, circunstancia que aprovecharon los guionistas de Saber y ganar para utilizarlo en la sección ‘la parte por el todo’.

Celie es analfabeta y está muy unida a su hermana Nettie, su vida se empieza a torcer cuando su padre abusa de ella. De esta relación tendrá dos hijos que su padre le arrebatará en el momento de nacer, desconociendo ella su destino.

Albert, un granjero viudo con tres hijos, pretende a Nettie, pero su padre no consiente esta relación y le da la opción de llevarse a Celie. Acepta a regañadientes porque la casa está muy descuidada y sus hijos mal atendidos. La maltratará con frecuencia y se permitirá traer a casa a su amante, la cantante Shug, a quien Celie tratará como si fuera la dueña.

El control que quiere ejercer Albert sobre Celie impide a esta recoger el correo, donde van llegando cartas de Nettie que Albert esconde. Sorprendentemente la relación con Shug será la que le permitirá salir de la cárcel psicológica en que se desarrolla su vida. Le entrega una carta de su hermana que ha recogido del buzón y al leerla descubre que vive en una misión en África, que le ha ido enviando cartas y que los hijos de Celie están con ella. Este hecho representará un punto de inflexión en la vida de Celie que con la ayuda de Shug descubrirá donde se esconden todas las cartas que su hermana le ha enviado. Una vez ordenadas por fecha las irá leyendo e imaginando lo que le cuenta su hermana.

Todo ello le dará fuerzas para enfrentarse a Albert y dejarlo, pese a la maldición que le profiere: “nadie te va a querer porque eres negra, pobre y fea”. Con la ayuda de Shug saldrá adelante y gracias a la herencia de su padre, que resulta ser padre adoptivo, pondrá en marcha un negocio.

La parte más emotiva llega en los últimos compases del film. Primero por la reconciliación entre Shug y el reverendo Samuel en una escena rocambolesca y, por fin, en el anhelado reencuentro de Celie con su hermana y sus hijos.

Celie va relatando a Dios lo que le va aconteciendo, buscando respuestas. Su vida parece que se encamina al abismo hasta que aparece Shug y se convierte en la mejor aliada. Los lazos de sangre, encarnados en Nettie y sus hijos, le darán la fuerza que necesita para salir del pozo.

La primera parte de la película me ha parecido insulsa, enfocada en describir acontecimientos. A partir del encuentro entre Shug y Celie, adquiere otro tono, profundizando en aspectos psicológicos de los personajes que mejoran la intensidad dramática de la historia.

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