sábado, 9 de enero de 2016

Una inspiración fecunda

Sin llegar a planteárselo de antemano

Acabamos de celebrar la fiesta popular de los Reyes Magos, en la que se recuerda que unos personajes sabios que eran astrónomos vieron un signo en el firmamento, una estrella, y se pusieron en camino siguiendo su estela para ir a adorar al Niño Jesús en Belén.

En palabras de Joseph Langford “según las Hermanas de Loreto que la conocieron durante su formación, Madre Teresa siempre había sido generosa con Dios, pero no se había destacado de forma particular. Lo que tenía de especial la joven hermana Teresa, hablando desde el punto de vista humano, era que nada resultaba especial; no había nada meramente humano en ella que pudiera explicar su transformación posterior.”

Y esa transformación se produjo el 10 de septiembre de 1946, en un tren camino de Darjeeling para asistir a un retiro espiritual. Esa fecha fue pare ella el día de la inspiración, en la que vio con claridad lo que Dios le pedía, aunque era difícil de poder transmitir: “su encuentro con la sed de Dios”, porque la gracia espiritual que recibió se resumía en atender a las palabras de Jesús en el Calvario: “Tengo sed”.

Responder afirmativamente suponía dejar la orden religiosa y ponerse a trabajar atendiendo a las personas desahuciadas de los suburbios de Calcuta. A partir de ahí un trabajo fecundo que se ha extendido por todo el mundo, pero sin que el inmenso trabajo que tenía por delante impidiese intensificar su relación con Dios, que es lo que daba sentido a toda su labor: “Cuando salió fuera por primera vez sola para dirigirse a los barrios pobres, dejando atrás su existencia conocida, casi tenía cuarenta años. Después lanzaría una red pionera de albergues para enfermos de sida a los setenta años. Y cuando se aprobó nuestra comunidad de sacerdotes ya había cumplido ochenta y dos años. Ella es la prueba de que nunca es demasiado tarde para que Dios nos transforme, nunca es demasiado tarde para lanzarnos a un nuevo plan, para emplearnos en el bien”.

Joseph Langford
Todo ello lo comenta Joseph Langford en El fuego secreto de Madre Teresa, un texto revelador de lo que bullía en el interior de esta religiosa que la Iglesia va a canonizar este año. Para los que leyeron Ven, se mi luz y se quedaron sobrecogidos por la oscuridad interior de Teresa de Calcuta en las cartas que allí transcritas, este libro es un complemento necesario. Algunos párrafos son ilustrativos:“es preciso asegurarnos primero de que no malinterpretamos su «oscuridad», una oscuridad que Dios le permitió experimentar como una participación en la noche interior de los más pobres de los pobres de Calcuta”... “¿y los informes que sugerían que Madre Teresa había sufrido una crisis de fe, o peor, que su sonrisa y su devoción a Dios y al prójimo eran poco más que hipocresía? Categóricamente, la noche oscura de Madre Teresa no fue una crisis de fe, ni representa una vacilación por su parte. Lejos de ser una pérdida de fe, sus cartas revelan, más bien, su fuerte lucha y la victoria de la fe, el triunfo de la luz de la fe que brilla incluso en la oscuridad, pues «las tinieblas no la abrazaron» (Juan 1, 5). Las mismas cartas que relatan su oscuridad a un nivel sensible (y no al nivel de la fe) dan testimonio, también, de su creencia inamovible, incluso cuando ya no percibía la presencia de Dios. Sus cartas revelan un ejercicio supremo, incluso heroico, de fe en su cenit, libre de dependencia de circunstancias o sentimientos."

*Joseph Langford: El fuego secreto de la madre Teresa ‘2008’ (Mother Teresa’s Secret Fire) – Planeta ‘2009’ – Planeta testimonio – Traducción: Carmen Martínez Gimeno


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